Influyentes Cantabria

Álvaro Galán, Director de la Escuela de Comercio Electrónico de Cámara Cantabria

Álvaro Galán Alonso es  Responsable del área de comercio electrónico y marketing digital de la Cámara de Comercio de Cantabria. Junto a ésta y desde su propia empresa crea la Escuela de Comercio Electrónico y desde su Consultora lleva cerca de dos décadas impulsando la transformación de comercios convencionales en comercios digitales. En su currículum, figuran con honores hitos como el salto al canal online de formatos tan tradicionales como la tienda de ropa infantil Doña Carmen que pasó de vender en un comercio de pocos metros cuadrados a exportar al mundo y vestir a los hijos de Guillermo de Inglaterra y Kate Midleton; pero también la resurrección del Bazar Canarias transfigurado en un miniamazon o la creación de primer ecommerce para la Cadena Pachá. Cuando habla de como un comercio convencional puede convertirse en top ventas, sabe lo que dice. Hizo de la tienda de moda a pie de calle HEVE, una de las TOP10 de ventas nacional de su sector en el canal online.  Cuando dentro de cinco años los comercios de Cantabria tengan su gemelo en el mundo digital, será en miles de casos porque Álvaro Galán lo hizo posible. Hoy en En la Mente del CEO, explica que “las nuevas oportunidades que ofrecen los mercados y canales digitales no solo residen en la transformación digital de las compañías, también requieren un cambio en la mentalidad de empresarios y profesionales”.

Desde hace 18 años he tenido la oportunidad de poder trabajar y colaborar en más de 200 proyectos digitales con mayor o menor fortuna. Este hecho, en sí mismo, no sería reseñable si no fuese porque me ha servido para adquirir una gran experiencia profesional y cierta amplitud de visión gracias a la cual soy capaz de alcanzar mejores resultados profesionales, pero también plantearme nuevas hipótesis y detectar patrones. Y, precisamente, es este último concepto sobre el que gira esta entrada.

El sector en el que desarrollo mi actividad profesional se asienta, por su propia naturaleza, sobre una compleja multicapa “cliente-profesional” compuesta generalmente por un alto grado de especialización, elevadas expectativas, seguridad en lo que uno hace (pero desconfianza en lo que hace el resto), desconocimiento, innovación, miedos, retos, muchas decepciones y contadas alegrías.  Si a esto le sumamos la incidencia directa de factores externos procedentes del macroentorno, como la actual pandemia mundial, añadiremos, en muchos casos, resultados inesperados.

Ahora bien, existe un patrón común en todos los proyectos de éxito en los que he participado: la determinación, la tenacidad, la capacidad de liderazgo y la de promover, incentivar e impulsar un cambio de mentalidad “prodigital” a todos los miembros de la organización por parte de determinados empresarios y empresarias.

Ellos y ellas han comprendido que la formación especializada y continua, el incentivo y la promoción de una “cultura digital” dentro de la compañía y la aceptación de la nueva “realidad digital” de las empresas y los mercados son recursos que toda organización debe integrar en su cadena de valor si quiere adquirir habilidades que le permitan convertir nuevas competencias en ventajas competitivas.

Hoy en día, cualquier profesional debe contar con unas competencias digitales mínimas. El problema radica en la cantidad y estructura de la información que encontramos a nuestro alrededor dentro del “gran ecosistema digital” que constituye internet. Abrir un canal de venta digital o afrontar un proceso de transformación digital implica en todo caso comprender cómo afectará dicho desarrollo a la estructura y a uno de los activos más importantes de casi cualquier negocio: las personas que lo componen.

Todos hemos leído en algún medio cómo el COVID-19 ha supuesto un antes y un después en el comercio electrónico, ha creado grandes oportunidades a empresas que de otra forma habrían tenido que cerrar… Es una afirmación cierta, pero imprecisa: nadie habla de los miles de negocios engullidos por los grandes “players” de internet que desaparecen día a día ante la imposibilidad de adquirir clientes, de las grandes compañías que se han visto superadas por pequeñas Startups compuestas por “millenials” hiperconectados/as y que se ven obligadas a plantear grandes expedientes de regulación de empleo para sobrevivir…

Como ha sucedido siempre a lo largo de la historia, vivimos tiempos de cambios; los cambios generan oportunidades y las oportunidades riqueza. Yo llevo más de 3 años compaginando mi profesión con la formación a más de 3000 alumnos en todo España y a todos y cada uno de ellos les he dado el mismo consejo: la herramienta más importante que una persona puede usar para ser mejor profesional y conseguir mejores resultados es su cabeza. El conocimiento, la dedicación, la tenacidad y la constancia constituyen una alternativa real al “músculo financiero”, y la única forma que conozco para desarrollar esas habilidades es trabajar la cultura del esfuerzo y la formación continua.

 

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