«Integrar talento global es la nueva política de innovación del siglo XXI»

Hace tres años, Juan Pérez Torralbo detectó un vacío: Cantabria no contaba con una comunidad que integrase a los nómadas digitales que llegaban a la región, ni espacios donde compartir experiencias sobre el trabajo remoto. Así nació Cantabria Remota, una iniciativa pionera que hoy suma más de 600 miembros de 60 nacionalidades distintas. Con motivo de su tercer aniversario, conversamos con su fundador para conocer qué impacto puede tener este movimiento en el desarrollo económico, social y medioambiental de la región —y cómo convertir a Cantabria en un destino inteligente para quienes trabajan desde cualquier parte del mundo.

P. ¿Cómo nació la idea de crear Cantabria Remota y qué te impulsó a dar el paso?

R- Yo mismo trabajaba en remoto y vi lo esencial que son las comunidades para quienes pasan gran parte del día frente a pantallas. Los nómadas digitales no buscan solo un paisaje bonito: quieren relacionarse, colaborar y sentirse parte de algo. En Cantabria no existía ese espacio, así que decidí crearlo.

De ahí nace Cantabria Remota, y más tarde NomadFlow, nuestro modelo integral para que instituciones, empresas y universidades integren a nómadas en la vida local, regeneren territorios y atraigan proyectos de innovación. Con este enfoque, el nomadismo digital se convierte en política real de desarrollo territorial.

P- En casi 3 años habéis reunido a más de 600 personas de 60 nacionalidades. ¿Qué perfil tienen esos nómadas digitales que se acercan a Cantabria?

R- Son profesionales muy diversos: desde expertos en tecnología o idiomas hasta creativos, científicos y consultores. Comparten dos cosas: ingresos estables procedentes del exterior y una búsqueda de calidad de vida, naturaleza y pertenencia. No quieren ser turistas: buscan convertirse en locales temporales o permanentes, con propósito y ganas de aportar al territorio.

P. ¿Qué buscan cuando llegan aquí y cómo les ayuda la comunidad?

R- Muchos vienen por la naturaleza, el mar y la montaña, pero sobre todo quieren vivir en lugares auténticos. No existe otra Cantabria en el mundo, igual que ninguna cultura local es replicable; valoran mucho la cultura local, algo totalmente desconocido para la mayoría de los que llegan.

La comunidad es una red de apoyo: trámites, vivienda, contactos profesionales, actividades culturales. Pero también es un puente hacia la lengua y la cultura local, porque se ha demostrado que aprenderlas multiplica la calidad de vida y el impacto positivo de quienes llegan. Lo contrario —vivir en burbujas— fragmenta la sociedad y desperdicia talento.

P. Cantabria Remota tiene un doble objetivo: integración y divulgación del trabajo remoto. ¿Por qué son igual de importantes ambos?

R- La integración garantiza la cohesión social y genera impacto positivo. Sin ella aparecen tensiones como la gentrificación. La divulgación es necesaria porque el covid aceleró el remoto, pero aún no somos conscientes de todos sus beneficios. Por eso compartimos también la visión del Future of Work, que engloba cambios como la flexibilidad laboral, el teletrabajo, la digitalización, la sostenibilidad, la inteligencia artificial y las transformaciones que genera en todas las profesiones.

Nuestro modelo integral traduce estos cambios en proyectos concretos que mejoran la calidad de vida y regeneran territorios. Y lo decimos con claridad: hoy por hoy, no existe otro modelo en el mundo que plantee el nomadismo digital de esta manera. Integrar es más rentable que atraer.

P. ¿Qué beneficios puede aportar el trabajo remoto a una región como Cantabria?

R- Un turista deja entre 1.500 y 2.000 euros al año; un nómada que se queda invierte entre 15.000 y 30.000 euros. Pero el impacto va mucho más allá de lo económico.

Significa menos tráfico, menos contaminación, más conciliación y barrios revitalizados. También coworkings llenos de colaboración y nuevas tendencias globales entrando en contacto con la vida local. Y si formamos a los jóvenes para este tipo de trabajos, atraeremos empresas de fuera que de otro modo no mirarían aquí. El trabajo remoto es la nueva inversión territorial.

P. ¿Cómo valoras la receptividad de las instituciones, empresas y sociedad cántabra?

R- Hace unos años el foco estaba en atraer talento. Hoy sabemos que lo decisivo es integrar bien: eso es lo que genera arraigo, estabilidad y beneficios compartidos para quienes llegan y para la sociedad local.

Nuestro modelo integral no es solo comunitario, también puede guiar políticas públicas en vivienda, empleo, innovación y regeneración territorial. No es solo inspiración: es una herramienta práctica para gobiernos, universidades y empresas.

Ya se han interesado por nosotros compañías, hubs, gobiernos y universidades de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, además de otras regiones del mundo. Lo importante es actuar rápido: las ciudades, regiones y países que se muevan primero serán referentes, y quien tarde perderá talento y competitividad. Integrar talento global es la nueva política de innovación del siglo XXI.

P. En muchos territorios, los nómadas digitales son vistos como una oportunidad… pero también como un reto. ¿Qué factores son clave para que su llegada sea positiva para todos?

R– Los factores claves son tres: integración real en la vida comunitaria, equilibrio en vivienda y movilidad, y modelos claros de integración con impacto positivo.

Algunos territorios se centraron en atraer y aparecieron problemas. Desde Cantabria Remota y NomadFlow lo tenemos claro: nuestra prioridad es integrar y marcar un punto de inflexión global en el nomadismo digital. El futuro no está en atraer más, sino en integrar mejor.

P. ¿Qué barreras encontráis todavía en Cantabria?

R- La conectividad digital en zonas rurales es desigual, pero la mayor barrera es la integración en sí: trámites, vivienda, educación, sanidad, o la dificultad de abrirse culturalmente.

Por eso hacen falta apoyos: formación en lengua local, espacios de encuentro y programas de colaboración, y acompañamiento real. Integrar bien es la diferencia entre tensiones sociales o desarrollo compartido.

P. ¿Qué planes tenéis para el futuro inmediato de Cantabria Remota?

R- Acabamos de lanzar una campaña de apoyo al comercio local, que además de necesitar regeneración, es una vía natural de integración para quienes llegan.

Nuestros próximos pasos refuerzan esa idea: colaboración entre nómadas y locales, proyectos útiles para todos y consolidar a Cantabria como referente global de impacto positivo. También hemos divulgado últimamente cuestiones como la artesanía o el trabajo de creadores locales, algo que despierta gran interés.

Además, estamos desarrollando nuestro modelo integral con IA cívica, para medir en tiempo real el impacto social, económico y cultural. Y ya hay interés creciente en replicarlo fuera: este curso IE University nos ha seleccionado para compartir nuestra visión en su programa IE Impact. Los nómadas, conectados de verdad con los territorios, son motor de regeneración.

P. Para terminar: ¿qué le dirías a alguien que nunca ha trabajado en remoto… y a un nómada digital que aún no ha descubierto Cantabria?

R- A quien nunca ha trabajado en remoto le diría que el futuro ya hace tiempo que está aquí: el trabajo remoto no es solo trabajar desde casa, es una forma distinta de vivir, más libre y más equilibrada.

Y a un nómada digital, que en Cantabria no solo encontrará naturaleza y calidad de vida, sino algo igual de valioso: una comunidad que le convierte en local y le invita a dejar legado. El Futuro del Trabajo es global y local, integrador y regenerador… y empieza hoy, no mañana.

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