Quesos Río Deva es una de las queserías más emblemáticas de Liébana, con más de 35 años de historia a sus espaldas. Nacida en los Picos de Europa y formada en la tradición de los antiguos pastores, ha sabido crecer manteniendo su esencia. En esta entrevista, Ander Martínez, uno de los miembros de la segunda generación familiar, repasa la trayectoria del obrador, reflexiona sobre el presente de los Quesucos de Liébana y mira hacia el futuro desde el compromiso con el producto local y artesano.
¿Cómo ha evolucionado Quesería Río Deva en estas casi cuatro décadas de actividad?
Ya somos la segunda generación elaborando queso, lo que es una señal de que el proyecto está consolidado. Empezamos muy pequeñito, con una cuba de 300 litros y elaborando queso fresco, el de Pido. Mis padres fueron abriendo mercado poco a poco, en una época en la que no se valoraba tanto el producto artesanal como ahora. Han aprendido muchísimo durante estos años, y gracias a ese aprendizaje hoy elaboramos variedades muy distintas —como el queso azul— que antes era impensable producir en una misma quesería. Seguimos trabajando con procesos muy manuales, sin grandes líneas de producción, con un enfoque claramente artesano.
Formáis parte de la DOP Quesucos de Liébana. ¿Qué supone este sello para vosotros y cómo ves su futuro?
Siempre hemos defendido que los productos de calidad deben contar con figuras de protección, pero la realidad es que mantener la DOP se ha vuelto complicado. La falta de leche en Liébana es el gran problema. Nosotros apoyamos una posible transformación de la DOP en una IGP —como ocurrió con el sobao pasiego—, que seguiría garantizando calidad y origen, pero sin exigir que toda la leche sea de aquí. Algunas voces consideran que sería perder prestigio, pero si no hay leche, no hay DOP que mantener. La situación es compleja, y el futuro pasa por adaptarse.
¿Qué aporta la marca Quesucos de Liébana en el mercado actual?
En Cantabria tiene mucho reconocimiento. La gente valora el queso de Liébana por la tradición que representa. Haces una encuesta en Santander y la mayoría sabe lo que es un Quesuco de Liébana. Eso demuestra que hay un aprecio por el producto, que se mantiene en los lineales y que sigue teniendo su público. Nosotros lo vemos como un valor de marca fuerte, más allá del sello.
¿Cómo imaginas Río Deva dentro de 25 o 50 años?
Nos gustaría seguir elaborando con los mismos valores con los que empezó nuestra familia: cuidando el producto, respetando el proceso tradicional, conservando esa esencia que viene de las cocinas de las abuelas y de las majadas. A la vez, tenemos proyectos nuevos en marcha. En el “cajón” hay ideas que esperemos desarrollar pronto y que puedan ser una buena sorpresa para quienes disfrutan del queso.







