Santander se prepara para convertirse, durante unos días, en el epicentro del debate sobre el futuro de la pesca artesanal. Del 21 al 23 de abril, el Palacio de la Magdalena acogerá el I Congreso Ibérico de Pesquerías Artesanales (CIPA 2026), una cita inédita que reunirá a más de 150 expertos de España y Portugal con un objetivo claro: poner sobre la mesa, desde la ciencia, los grandes retos de un sector clave para las comunidades costeras.
La iniciativa, impulsada por el Centro Oceanográfico de Santander —una de las sedes del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC)—, nace con vocación de continuidad y con la ambición de convertirse en un foro de referencia en el ámbito ibérico. No es casual que surja ahora: la pesca artesanal atraviesa un momento especialmente delicado, marcado por el impacto del cambio climático, la presión sobre los recursos marinos, la competencia por el espacio marítimo y una creciente fragilidad socioeconómica.
Pero si algo define a este congreso es su carácter híbrido. Aquí no solo se hablará desde los despachos o los laboratorios. Investigadores, pescadores, administraciones públicas y agentes del sector compartirán espacio para debatir, contrastar y, sobre todo, intentar construir soluciones conjuntas. “Dar un paso adelante” y dejar atrás años de trabajo desconectado entre ciencia, gestión y sector es uno de los grandes objetivos de la cita.
El programa es tan ambicioso como diverso. A lo largo de tres jornadas se celebrarán cinco sesiones científicas que abordarán cuestiones como la sostenibilidad de los recursos, el impacto del cambio climático o los efectos socioeconómicos de la actividad pesquera. A ello se suman dos mesas de diálogo centradas en la gobernanza y la innovación tecnológica, pensadas para aterrizar el conocimiento en medidas concretas y aplicables.
Los números hablan por sí solos: más de 50 ponencias científicas y otras tantas en formato póster reflejan el alto nivel técnico del encuentro. Detrás, un comité científico de 27 expertos de ambos países ha sido el encargado de seleccionar los trabajos, muchos de ellos centrados en proyectos innovadores sobre gestión sostenible, nuevas tecnologías aplicadas al sector o adaptación al cambio climático.
Más allá de los datos, el congreso también quiere conectar con la realidad social que rodea a la pesca artesanal. Uno de los mensajes que más se repetirá estos días es la necesidad de reconectar a la ciudadanía con el sector. La distancia entre lo que ocurre en el mar y lo que llega al consumidor final es cada vez mayor, y revertir esa tendencia se ha convertido en una prioridad.
En ese contexto, el consumo de producto local se presenta como una pieza clave. Apostar por pescado de proximidad no solo reduce el impacto ambiental —frente a importaciones de larga distancia—, sino que refuerza la economía de las zonas costeras y contribuye a mantener vivas tradiciones centenarias. Porque la pesca artesanal no es solo una actividad económica: es cultura, identidad y territorio.
Otro de los ejes que ganará protagonismo es el papel de la mujer en el sector. El congreso dedicará parte de su programación a visibilizar su contribución y su potencial como motor de cambio. La participación femenina, cada vez más activa en distintos ámbitos de la cadena de valor, se perfila como uno de los elementos clave para la modernización y sostenibilidad de las pesquerías artesanales.
La actualidad también se colará inevitablemente en el debate. La complicada situación de la flota cántabra, especialmente tras una costera del verdel calificada de “nefasta”, pone de relieve la urgencia de actuar. A la falta de capturas se suman el aumento de los costes —con el combustible disparado— y problemas estructurales como las cuotas o el relevo generacional, dibujando un escenario complejo que exige respuestas rápidas y coordinadas.
En este contexto, el CIPA 2026 se plantea como algo más que un congreso científico. Es, en realidad, un espacio de diálogo donde confluyen conocimiento, experiencia y toma de decisiones. Un intento de traducir la investigación en soluciones prácticas que permitan garantizar la sostenibilidad de los recursos marinos y el futuro de quienes dependen de ellos.
El programa se completa con actividades abiertas al público, como la proyección de documentales o mesas redondas, que buscan acercar la realidad del sector a la ciudadanía. Una forma de tender puentes entre el mar y la sociedad, y de recordar que detrás de cada pescado hay mucho más que un producto: hay personas, historias y un equilibrio frágil que merece ser protegido.
Con todo ello, Santander no solo acoge un congreso, sino que se posiciona como punto de encuentro para repensar la pesca artesanal en clave de futuro. Un futuro que, como coinciden expertos y profesionales, solo será posible si ciencia, sector y sociedad reman en la misma dirección.







