El sector cervecero cántabro ha consolidado en la última década un tejido de pequeñas fábricas con alto nivel de calidad, pero todavía se enfrenta a un desafío clave: ganar presencia en el consumo habitual.
La historia de Cervezas Smach comienza en 2014, en pleno auge de la cerveza artesana en Europa, una tendencia que llegaba desde Estados Unidos y que en España aún daba sus primeros pasos. “La idea era hacer un producto natural y apostar por innovar en un momento en el que todo esto todavía era emergente”, explica Pedro Jiménez, cofundador de la marca junto a su hermano Luis.
Más de diez años después, el contexto ha cambiado. Cantabria cuenta hoy con varias fábricas reconocidas y un nivel de producción notable para su tamaño. Sin embargo, ese crecimiento no ha ido acompañado de un aumento proporcional del consumo. “Tenemos muchas fábricas muy buenas, pero la realidad es que el consumo no está ligado a nuestra capacidad”, señala Jiménez, quien apunta directamente a la distribución como uno de los principales frenos: muchos establecimientos todavía no incorporan cerveza local en su oferta habitual.
El cambio más evidente se ha producido en el comportamiento del consumidor. Se bebe menos, pero mejor. “La gente ya no busca solo una cerveza fría para refrescar, sino una que tenga calidad y estilo”, explica. Esta evolución ha abierto la puerta a una mayor diversidad de producto: cervezas tostadas o negras, antes residuales, han ido ganando terreno, especialmente en determinados momentos del año.
Aun así, el sector no es ajeno a las transformaciones sociales. El descenso en el consumo entre los más jóvenes introduce incertidumbre a medio plazo. “Estamos en un momento de cambio”, reconoce Jiménez, que, no obstante, confía en la estabilidad del producto: “Es algo que ha estado toda la vida y va a seguir estando”. Su previsión apunta a un escenario con menos volumen, pero mayor calidad, y con una oferta más depurada frente a la estandarización que durante años marcó la industria.
El comportamiento del mercado también varía según el territorio. Mientras que en zonas como Madrid o el Mediterráneo el consumo es más alto, en el norte pesa la estacionalidad. “En invierno baja mucho y en verano, con la llegada de visitantes, sube bastante”, explica. En el sur, por su parte, la implantación de la cerveza artesana sigue siendo compleja, en un contexto dominado por estilos más tradicionales.
En este escenario, iniciativas como la marca de calidad impulsada por la ODECA suponen un respaldo para el sector. Para Cervezas Smach, su incorporación a Sabe a Norte es “un reconocimiento a que estamos haciendo las cosas bien” y una oportunidad para reforzar su posicionamiento. “Es importante a nivel regional, sobre todo para las pequeñas fábricas. En otros sectores existen figuras como las IGP, y esto puede ser un paso en esa dirección”, concluye.







