El I Congreso Ibérico de Pesca Artesanal nacido en Santander tendrá continuidad en Portugal

Santander ha sido esta semana mucho más que la sede de un congreso especializado. La capital cántabra se ha convertido en el punto de encuentro donde ciencia, empresa e instituciones han coincidido para hablar del futuro de uno de los sectores más ligados a la economía azul del sur de Europa: la pesca artesanal. Y lo ha hecho con un resultado que pocos discuten ya entre los asistentes: el I Congreso Ibérico de Pesquerías Artesanales ha nacido con vocación de continuidad y con el respaldo suficiente como para cruzar fronteras en su próxima edición.

Durante cuatro días, el Palacio de La Magdalena reunió a cerca de 200 expertos, investigadores, representantes públicos y profesionales del sector procedentes de España y Portugal. No se trataba únicamente de intercambiar ponencias o presentar estudios técnicos. El ambiente, según trasladaron los organizadores, fue el de un foro cercano, práctico y orientado a soluciones, donde se abordaron desde la sostenibilidad de los recursos hasta la innovación tecnológica, la gobernanza o el impacto del cambio climático en la actividad pesquera.

El dato es relevante porque evidencia una necesidad creciente en el tejido productivo vinculado al mar: disponer de espacios estables de diálogo donde se conecten conocimiento científico y realidad empresarial. La pesca artesanal, formada en buena parte por pequeñas estructuras económicas y empresas familiares, se enfrenta a desafíos que van desde la rentabilidad hasta el relevo generacional, pasando por la digitalización o la adaptación normativa. En ese contexto, la creación de un foro ibérico específico cubre un vacío histórico y abre una vía de trabajo conjunta con enorme potencial.

La cita de Santander también deja una lectura territorial de gran interés. Que una iniciativa de este alcance haya sido impulsada desde Cantabria refuerza la capacidad de la comunidad para liderar proyectos estratégicos ligados al conocimiento y a la economía marítima. El Centro Oceanográfico de Santander, motor del encuentro, ha demostrado que desde regiones con fuerte tradición pesquera pueden surgir formatos innovadores capaces de atraer talento, generar debate útil y posicionarse como referencia internacional.

No es casualidad que el congreso haya requerido tres años de trabajo conjunto entre centros de investigación, administraciones y sector pesquero. Ese tiempo invertido explica en parte el éxito de una primera edición que contó con cinco sesiones científicas, dos mesas de diálogo, 51 comunicaciones y 55 pósteres especializados. Detrás de esas cifras hay una conclusión clara: cuando existe colaboración real entre actores diversos, los proyectos maduran mejor y responden con mayor precisión a las necesidades del mercado y de la sociedad.

El mejor síntoma de que la fórmula funciona llegó en la clausura, con el anuncio de una segunda edición en Faro, Portugal. La noticia convierte lo que podía haber sido un evento puntual en una plataforma estable de cooperación ibérica. Y añade una dimensión estratégica evidente: Portugal comparte con España retos, oportunidades y una fuerte dependencia económica de sus comunidades costeras. Mantener vivo este foro permitirá intercambiar experiencias, impulsar alianzas empresariales y acelerar soluciones comunes para ambos países.

Que un formato nacido en Cantabria continúe en Portugal tiene además una poderosa carga simbólica. Significa que la idea ha superado la fase inicial y ha encontrado demanda real al otro lado de la frontera. Santander impulsó el proyecto; Faro recoge ahora el testigo. Entre ambas ciudades se dibuja una red de cooperación que beneficia al conjunto del sector y lanza un mensaje nítido al mundo empresarial: las mejores oportunidades surgen cuando tradición e innovación reman en la misma dirección

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