Durante mucho tiempo, hablar de inmigración en Cantabria significaba hablar de integración, empleo o demografía. Correcto, pero incompleto. Hoy, hablar de inmigración, y en especial de origen latino, es hablar también de emprendimiento, de consumo, de redes profesionales, de nuevos servicios y de una economía de proximidad que empieza a hacerse visible.
El dato demográfico marca el punto de partida. A 1 de enero de 2026, Cantabria alcanzó los 597.281 habitantes, después de ganar 934 residentes en el último trimestre de 2025. El crecimiento no se explica por una inercia poblacional interna, sino principalmente por la llegada de población extranjera: de esos 934 nuevos residentes, 822 eran extranjeros. En una comunidad donde cada variación demográfica pesa, ese movimiento empieza a tener lectura económica.
Cantabria no solo gana población extranjera. Gana población activa. La comunidad autónoma presenta una de las tasas de actividad más altas de España entre sus residentes internacionales: el 74,3 %, solo por detrás de La Rioja. La tasa de actividad no equivale exactamente a empleo, porque incluye tanto a quienes trabajan como a quienes buscan trabajo, pero sí refleja algo decisivo para cualquier análisis de negocio: una población incorporada al mercado laboral, disponible, móvil y con voluntad de participar en la economía del territorio.
La afiliación confirma esa lectura. En marzo de 2026, Cantabria registraba 21.146 afiliados extranjeros a la Seguridad Social. De ellos, 3.317 cotizaban como autónomos. Ese dato cambia el marco. No hablamos únicamente de mano de obra, sino también de iniciativa económica propia. Personas que no solo trabajan para empresas ya existentes, sino que abren actividades, prestan servicios, generan facturación y contribuyen a ampliar el tejido productivo.
Dentro de ese mapa, la población latinoamericana ocupa una posición cada vez más relevante. Entre los cotizantes extranjeros no comunitarios en Cantabria, los colombianos son el grupo más numeroso, con 3.399 afiliados, seguidos por los peruanos, con 2.276, y los venezolanos, con 1.364. No son solo comunidades presentes en la estadística. Son parte de la economía diaria: hostelería, cuidados, comercio, construcción, servicios personales, formación, asesoramiento, actividades culturales y pequeños negocios que conectan origen y destino.
El fenómeno no es exclusivamente cántabro. A nivel nacional, España superó por primera vez los 10 millones de personas nacidas en el extranjero, y las nacionalidades colombiana y venezolana figuran entre las principales entradas migratorias recientes. También la Seguridad Social refleja ya un cambio estructural: los trabajadores extranjeros representan el 14,4 % de los cotizantes en España y superan el medio millón de autónomos. La inmigración ha dejado de ser una variable lateral del mercado laboral para convertirse en una pieza central de su evolución.
Pero el dato más interesante para una publicación de negocios está en el emprendimiento. El Informe GEM España 2024-2025 señala que las personas extranjeras están impulsando el aumento de la actividad emprendedora en España. En los últimos tres años, la población extranjera residente ha emprendido el doble que la española y, en 2024, una de cada siete personas extranjeras estaba iniciando un proyecto empresarial. La intuición se convierte así en evidencia: la experiencia migrante no solo busca encaje laboral; también abre empresas, prueba modelos, detecta nichos y crea mercado.
En Cantabria, esa realidad aparece en un ecosistema emprendedor con luces y fricciones. El Informe GEM Cantabria 2024-2025 sitúa la tasa de actividad emprendedora temprana en el 6 %, por debajo de la media española, del 7,2 %. Sin embargo, la región presenta un emprendimiento consolidado del 7,2 %, superior al promedio nacional, situado en el 6,8 %, y menores tasas de abandono. Dicho de otro modo: Cantabria no es el territorio donde más proyectos nacen, pero sí muestra cierta capacidad para que los negocios que superan las primeras fases aguanten.
Ahí aparece una clave especialmente relevante: las redes. El mismo informe advierte de una debilidad persistente en la red de contactos y en el conocimiento de otros emprendedores, un ámbito en el que Cantabria se mantiene por debajo de la media nacional. En un territorio de escala cercana, donde el contacto, la recomendación y la confianza pesan tanto como el capital inicial, esa carencia no es menor. Para quien llega de otro país, no tener red puede ser una barrera tan dura como no tener financiación. Para quien logra construirla, puede convertirse en una ventaja competitiva.
En ese punto entra Latinexión, el proyecto impulsado por Martha Angélica Salinas Tostado y reconocido con el Premio Nacional TaleS al mejor emprendimiento sénior. Nacido en Cantabria, plantea una propuesta concreta: conectar a la comunidad latina y la comunidad cántabra a través de eventos de networking, actividades culturales y una plataforma para personas emprendedoras, empresarias y profesionales migrantes.
La idea es sencilla, pero empresarialmente potente: convertir una comunidad dispersa en una red visible. Latinexión parte de una experiencia personal de migración y de una constatación práctica: hay talento, oficio, experiencia y voluntad de aportar, pero muchas veces faltan contactos locales, información útil y espacios donde las oportunidades puedan circular.
La Universidad de Cantabria presentó Latinexión como una iniciativa orientada a generar una red de contactos entre emprendedores, profesionales y empresarios latinoamericanos de 20 a 60 años en Cantabria. Su propuesta se apoya en tres planos: cultural, social y laboral. Pero leída desde los negocios, esa estructura tiene otra traducción: identidad que genera visibilidad, comunidad que reduce fricción y networking que puede transformarse en actividad económica.
Por eso el valor de Latinexión no está solo en organizar encuentros. Está en ordenar una economía que ya existe, pero que muchas veces funciona de manera fragmentada, informal o poco visible. Puede actuar como punto de encuentro, pero también como radar de mercado: quién emprende, en qué sectores, con qué barreras, con qué necesidades y con qué capacidad de crecimiento.
La frase de Martha Angélica —“el deseo de compartir experiencia y ayudar a los migrantes”— explica el origen humano del proyecto. Pero detrás hay también una intuición empresarial clara. Donde otros ven únicamente adaptación, Latinexión ve red. Donde otros ven colectivo, ve mercado. Donde otros ven llegada, ve circulación de talento.







