Carlos Augusto Carrasco, Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Torrelavega
Hace no mucho tiempo, en 2023, la encuesta de satisfacción con la limpieza viaria de 69 ciudades elaborada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) arrojó que en dos de cada tres ciudades los resultados eran mediocres y que una de cada tres suspendía, según sus habitantes. En dicha encuesta, Santander, como única ciudad cántabra, se encontraba en el puesto 55. Desde OCU se apuntaba algo clave: “una mayor inversión en limpieza no mejora necesariamente las valoraciones. En cambio, lo que sí parece influir positivamente es la frecuencia de las tareas: cuanto mayor es la frecuencia de barrido y de baldeo declarada, mejor calificación”. Por tanto, los ayuntamientos pueden sacar mejores notas a fuerza de utilizar más agua y dedicar más tiempo a barrer las calles sin necesidad de recurrir a maquinarias caras.
Esto obviaba que si preguntas a los ciudadanos si su municipio está limpio, las respuestas pueden variar dependiendo de la zona en la que vivan, el momento del día o incluso factores tan subjetivos como su nivel de exigencia o sus experiencias previas.
Aunque la percepción es subjetiva, los datos no lo son. Por ello, si tras prestar los servicios correspondientes una calle sigue presentando un aspecto descuidado, no basta con aumentar los recursos sin analizar la causa real. Esta podría ser una frecuencia de recogida insuficiente, pero también la mala ubicación de los contenedores, su número reducido, la falta de papeleras o un método de limpieza inadecuado para esa calle. Solo mediante un control basado en datos se podrán detectar los patrones y aplicar medidas efectivas.
Más allá de las quejas ciudadanas, debe tenerse en cuenta que la limpieza de calles y espacios públicos influye directamente en la vitalidad y habitabilidad urbana. Las calles limpias y cuidadas contribuyen a un sentimiento de orden, seguridad y orgullo comunitario, fomentando un entorno más atractivo. Eliminar basura, escombros y otros materiales no solo mejora el aspecto visual, sino que también genera un ambiente más acogedor para residentes y visitantes.
Los espacios públicos limpios permiten actividades comunitarias, recreativas y sociales, que son esenciales para la vida urbana. Al priorizar la limpieza y el mantenimiento, las ciudades pueden fomentar un entorno dinámico que favorezca el bienestar de sus habitantes.
Por eso, los costes de limpieza deben entenderse como una inversión en el bienestar presente y futuro. Es esencial que municipios y autoridades busquen estrategias eficientes y rentables, como optimizar rutas de recogida, usar tecnologías sostenibles e innovadoras y —aún poco aplicada pero fundamental— desarrollar campañas de concienciación y participación ciudadana.
Debemos tener presente que mantener limpias nuestras ciudades va más allá de lo estético; es un imperativo para el bienestar colectivo y la sostenibilidad futura de nuestras localidades.
Es un compromiso compartido entre ayuntamientos, empresas especializadas y ciudadanía.
La colaboración de todos es clave para entornos urbanos más limpios y sostenibles. Los ayuntamientos deben invertir en políticas y programas eficaces. La ciudadanía, por su parte, debe asumir su responsabilidad: usar correctamente las papeleras, participar en limpiezas voluntarias y realizar gestos tan simples como recoger los excrementos de sus mascotas, un problema creciente en muchas ciudades.
Oviedo es un buen ejemplo entre las ciudades más limpias de España. Su encanto no reside solo en su patrimonio y zonas verdes, sino también en la limpieza visible en sus calles. Esto se debe tanto a la gestión eficiente de residuos como, sobre todo, a la concienciación ciudadana. Sus habitantes participan activamente en campañas de limpieza y conservación del entorno.
Esa combinación de compromiso institucional y civil ha convertido a Oviedo en un referente de limpieza urbana y un destino admirado. Las ciudades más limpias destacan por el papel crucial de sus ciudadanos. Sin su implicación en la conservación del entorno mediante voluntariado y educación ambiental, no sería posible mantener este nivel de limpieza.
Las ciudades más limpias nos inspiran a creer que la colaboración entre gobiernos locales, empresas y comunidad puede crear espacios urbanos más sanos y sostenibles. La limpieza urbana es, en última instancia, reflejo del compromiso colectivo de una ciudad con su bienestar y su futuro.







