Carlos Augusto Carrasco. Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Torrelavega
Cantabria es la región de la UE con mayor descenso de nacimientos entre 2008 y 2023, con una caída del 49 %, según un análisis de Funcas.
Esto vuelve a poner sobre la mesa cómo, en los últimos años, estamos siendo testigos en España de un fenómeno que ha transformado la estructura familiar: el número de mascotas ha crecido exponencialmente y ya supera al de niños en los hogares. Esta realidad contrasta con los cada vez más bajos datos de natalidad.
Como apuntan los sociólogos, criar hijos hoy implica un esfuerzo económico y personal considerable. Proporcionar educación y estabilidad requiere recursos y apoyos que no siempre existen. A esto se suma la soledad, que empuja a muchas personas a buscar compañía en las mascotas. Durante la pandemia se visibilizó esta tendencia con el aumento de adopciones. Muchos descubrieron los beneficios emocionales y psicológicos de tener un animal en casa.
Al mismo tiempo, muchas personas priorizan sus carreras, la estabilidad económica y el desarrollo personal antes que la paternidad. El estudio A Better World for Pets: Radiografía de las mascotas en España, de Mars Petcare, revela que en nuestro país hay 47 millones de personas y 27 millones de mascotas. Es decir, el 40 % de los hogares tiene al menos una, y la cifra sigue creciendo.
En los últimos años ha emergido un fenómeno conocido como “pet parenting”, especialmente entre jóvenes adultos de las generaciones Millennial y Z. Muchos están posponiendo o renunciando a tener hijos y optan por animales de compañía. No se trata solo de compartir fotos adorables en redes, sino de un cambio profundo que plantea preguntas sobre el futuro de la familia y de las relaciones personales.
Para estos jóvenes, el estilo de vida ideal pasa por la flexibilidad, los viajes y los proyectos personales. Tener hijos implica un compromiso de largo recorrido. En cambio, una mascota ofrece afecto y compañía con un grado de responsabilidad más manejable, que permite conservar libertad de movimiento y planificación vital.
Además, está demostrado que las mascotas ayudan a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión. Y lo hacen sin obligar a renunciar a estudios, emprendimientos o decisiones que exigen movilidad.
Ahora bien, esta tendencia plantea un debate: ¿qué consecuencias tendrá a largo plazo? La caída de la natalidad supone un envejecimiento de la población, con retos para sostener los sistemas de salud y pensiones. Y plantea la incómoda pregunta de si las mascotas pueden sustituir por completo la experiencia de la paternidad o maternidad.
El auge de los animales de compañía no es solo una moda, sino el reflejo de una sociedad que busca vínculos afectivos y estabilidad en un entorno cada vez más incierto. Por eso, en muchos hogares, han pasado a ocupar un lugar preferente frente a la idea de tener hijos.
España, como otros países desarrollados, afronta una transformación demográfica profunda. Funcas advierte que la baja fecundidad provocará una fuerte reducción de la población activa, con efectos sobre pensiones, sanidad, vivienda y atención a mayores. La OCDE ya alerta de que, para 2060, la población en edad de trabajar caerá un 30 %, y España sufrirá la mayor bajada de la tasa de empleo del bloque: un 10,3 %, frente al 2 % de media.
Ante este panorama, prolongar la vida laboral parece inevitable. El Gobierno ha empezado a actuar: la última reforma de las pensiones penaliza la jubilación anticipada e incentiva la demorada. Además, el Ministerio de Seguridad Social trabaja en una nueva fórmula de jubilación flexible, que permitiría compatibilizar una pensión parcial con un trabajo a tiempo parcial.
La pregunta final es inevitable: si esto sigue así, ¿hasta qué edad estaremos dispuestos a trabajar?







