Sensores, datos y conectividad: así está transformando el Internet de las cosas la agricultura

La digitalización del campo ya no es una promesa de futuro, sino una realidad que empieza a transformar la manera en que se cultiva, se gestiona el agua o se controla la producción. Sensores que analizan el suelo, sistemas de riego que se activan automáticamente o maquinaria que puede supervisarse desde el móvil forman parte de lo que se conoce como agricultura inteligente, un modelo que utiliza tecnología para optimizar recursos y mejorar la eficiencia de las explotaciones.

Una de las herramientas que está impulsando este cambio es el Internet de las cosas (IoT), una red de dispositivos conectados capaces de recopilar y transmitir datos en tiempo real. Desde 1NCE, compañía tecnológica especializada en conectividad IoT y presente en más de 170 países, subrayan que esta tecnología permite automatizar procesos y ofrecer información clave para que los agricultores tomen decisiones más precisas, sostenibles y rentables.

El contexto actual explica en gran parte el interés por estas soluciones. En España, prácticamente todo el territorio se ve afectado por episodios de sequía durante los meses más cálidos y, en algunas zonas, incluso durante buena parte del año. Al mismo tiempo, el país es el que cuenta con mayor superficie de regadío de la Unión Europea y también el primero del mundo en superficie de riego localizado. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el 52,69 % de la superficie regada en España utiliza este sistema, muy por encima del 6 % de media mundial.

La Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE) sitúa además en 3,86 millones de hectáreas la superficie regada en el país sobre un total de 16,9 millones de hectáreas cultivadas, es decir, cerca del 23 % del terreno agrícola.

En este escenario, la aplicación del IoT permite mejorar prácticamente todos los aspectos de la actividad agrícola. Una de sus aportaciones más visibles es la optimización de recursos. Sensores instalados en el suelo o en la maquinaria recogen información sobre humedad, consumo de agua, necesidades de fertilización o gasto energético. Con esos datos es posible ajustar la producción y aplicar lo que se conoce como agricultura de precisión, un enfoque que busca obtener mayores rendimientos utilizando menos recursos.

Otra de las ventajas más valoradas es el control remoto de las explotaciones. Gracias a la conectividad, los agricultores pueden supervisar instalaciones, activar sistemas o consultar datos desde cualquier lugar, algo especialmente útil en explotaciones de gran tamaño o con parcelas dispersas. Esta conectividad también facilita la automatización de tareas que tradicionalmente dependían del trabajo manual, reduciendo errores y mejorando la eficiencia de los procesos.

El riego inteligente es uno de los ejemplos más claros de esta transformación. Los sistemas conectados pueden analizar la humedad del suelo, la temperatura o la previsión meteorológica y ajustar automáticamente el suministro de agua. Según estimaciones del sector, estas soluciones pueden reducir hasta un 50 % el consumo hídrico, un dato especialmente relevante en un país sometido a episodios de sequía recurrente.

La tecnología también permite mejorar la gestión de la maquinaria agrícola. Sensores instalados en tractores u otros equipos permiten monitorizar su funcionamiento, detectar anomalías y anticipar averías antes de que se produzcan fallos graves. Este mantenimiento predictivo reduce costes y evita interrupciones en momentos críticos de la campaña.

El IoT está aportando además mejoras significativas en ámbitos como la seguridad alimentaria o el control de plagas. Los dispositivos conectados pueden registrar datos sobre las condiciones de producción o almacenamiento de los alimentos, reforzando la trazabilidad y los sistemas de control de calidad. Al mismo tiempo, la monitorización ambiental permite detectar patrones que anticipan la aparición de plagas, lo que facilita actuar antes de que provoquen daños en los cultivos y reduce el uso de productos químicos.

En entornos de cultivo controlado, como los invernaderos, estas tecnologías permiten gestionar con gran precisión variables como la temperatura, la iluminación o la humedad. Todo ello contribuye a crear condiciones óptimas para el crecimiento de los cultivos y a mejorar el rendimiento de la producción.

A estas herramientas se suman otras innovaciones que empiezan a abrirse paso en el sector. Los robots agrícolas ya realizan algunas tareas automatizadas, mientras que los drones permiten analizar grandes superficies de cultivo desde el aire. El IoT actúa como la infraestructura que conecta todos estos dispositivos y canaliza los datos que generan, facilitando su análisis mediante sistemas de inteligencia artificial.

Desde 1NCE recuerdan que el uso de estas tecnologías no es una tendencia marginal. En la actualidad, el 7 % de su cartera global de clientes pertenece al sector agrícola, con servicios disponibles en el 73 % de los países en los que opera. Entre las aplicaciones más habituales se encuentran la monitorización de cultivos, el control de humedad del suelo, el seguimiento del ganado, la gestión de plagas, la protección contra heladas o incluso el análisis de colonias de abejas.

La digitalización del campo avanza así de la mano de sensores, conectividad y datos. Un cambio silencioso pero profundo que apunta hacia una agricultura más eficiente, sostenible y preparada para afrontar los retos climáticos y productivos de las próximas décadas.

Comparte:

Scroll al inicio