Cantabria, en la mitad de la tabla que evalúa el Emprendimiento de Impacto en España

Cantabria se sitúa en el puesto 24 de 50 territorios analizados en el Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto 2026, un informe que mide la capacidad de las provincias españolas para generar entornos favorables al emprendimiento con impacto económico, social y ecológico. El dato coloca a la región justo en la zona media de la tabla: ni entre los grandes motores del país, ni en el bloque más rezagado. Pero la lectura fina deja un mensaje claro. Cantabria tiene base social y ambiental, pero necesita fortalecer su músculo económico si quiere competir mejor en la nueva economía de impacto.

El Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto 2026, elaborado por Impact Hub, analiza la capacidad de los territorios españoles para generar entornos favorables al emprendimiento con impacto. El informe compara 50 provincias y territorios a partir de tres grandes dimensiones: salud económica, salud social y salud ecológica. Su objetivo no es solo establecer un ranking, sino ofrecer una lectura más profunda sobre la vitalidad, viabilidad y capacidad de evolución de cada territorio ante los grandes retos actuales.

Pero ¿qué es el emprendimiento de impacto? Es aquel que busca crear actividad económica y, al mismo tiempo, generar un efecto positivo medible en la sociedad o en el medio ambiente. No se limita a montar una empresa rentable, sino que incorpora desde el origen una finalidad transformadora: mejorar la vida de las personas, responder a problemas sociales, impulsar la sostenibilidad, cuidar el territorio o proponer soluciones innovadoras a desafíos colectivos.

El índice no mide únicamente cuántas empresas nacen o cuánto empleo se crea. Su enfoque es más amplio: analiza la “salud” de los territorios a partir de tres grandes capas: salud económica, salud social y salud ecológica. Y ahí Cantabria muestra una fotografía con luces y sombras. En el ranking global ocupa el puesto 24, por detrás de territorios como León, Palencia, Ourense, Segovia o Zamora, y por delante de A Coruña, Cuenca, Guadalajara, Lugo, Albacete o València.

La mejor noticia llega en los indicadores sociales y ecológicos. Cantabria ocupa el puesto 23 tanto en salud social como en salud ecológica. Es decir, se mueve en una posición media-alta en dos dimensiones clave para el emprendimiento de impacto: la calidad del entorno social y la relación con los recursos naturales, el territorio y la sostenibilidad. En una comunidad de 590.851 habitantes y 5.321 kilómetros cuadrados, estos dos factores pueden convertirse en una ventaja competitiva si se traducen en proyectos empresariales conectados con la transición verde, los cuidados, la cultura, la alimentación, el bienestar o la innovación territorial.

El problema aparece en la capa económica. Cantabria cae hasta el puesto 44 en salud económica, uno de los datos más débiles de toda su ficha. Esa posición contrasta con su resultado global y evidencia una brecha importante: la comunidad tiene condiciones sociales y ecológicas aceptables, pero le cuesta convertir ese contexto en dinamismo empresarial, inversión, crecimiento o capacidad de escalado. Dicho de otro modo: hay territorio, hay calidad de vida, hay activos ambientales y sociales, pero falta más potencia económica para que el emprendimiento de impacto encuentre suelo firme.

El informe también analiza tres objetivos transversales: vitalidad, viabilidad y evolución. Cantabria obtiene su mejor puntuación en vitalidad, con 3,10 puntos. Este indicador mide la capacidad de un territorio para generar y sostener energía propia, responder a los retos de preservación de la vida y actuar con autonomía. Es, por tanto, una señal positiva: Cantabria tiene pulso, recursos y condiciones para activar proyectos con sentido.

La viabilidad, sin embargo, baja hasta 1,97 puntos, el resultado más débil de la ficha cántabra. Este dato apunta a la dificultad para sostener en el tiempo ese potencial y conectarlo con sistemas mayores, mercados, redes de colaboración o especialización inteligente. En evolución, Cantabria alcanza 2,63 puntos, una posición intermedia que habla de capacidad de aprendizaje y adaptación, pero todavía con recorrido para avanzar hacia ecosistemas más cohesionados, innovadores y complejos.

El ranking nacional lo lideran Madrid, Navarra y Girona, seguidas de Huesca, La Rioja, Gipuzkoa, Bizkaia, Teruel, Lleida y Araba. En el extremo contrario aparecen Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Illes Balears, Badajoz, Almería, Málaga, Murcia, Córdoba, Cádiz y Jaén. Cantabria queda lejos de los diez primeros, pero también fuera de la zona baja. Su desafío es otro: dejar de ser un territorio con buenas condiciones de partida y convertirse en un espacio donde esas condiciones se transformen en proyectos, empresas, empleo y soluciones.

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