El mercado de productos de supervivencia en España crece. Si bien no existen datos específicos sobre el valor económico total, si hay referencias para hacerse una idea. Cuatro años antes del «gran apagón», ya se había registrado un aumento del 603% en las búsquedas de estos materiales en España. Teniendo en cuenta el impacto de la experiencia traumática de todo un país lanzado a la compra de hornillos de gas, cabe augurar un futuro brillante a este sector. Esta tarde en Santander, el empresario y periodista de formación Koldo Iturriagagoitia, una de las referencias nacionales en el sector del del bushcraft, presenta en Santander las claves de una disciplina que enseña a sobrevivir en el monte como en la vida.
Aunque parezca un contrasentido, el bushcraft es por definición, nómada. Estamos en constante movimiento por los bosques.
Pero las preguntas no suelen ir por ahí. Normalmente, cuando mencionas bushcraft, detrás de una mirada condescendiente, siempre está el ¿ah, eso es como supervivencia no? o ¿los que hacen campamentos y cocinan en el bosque? ¿los que tallan cucharas? “Ahora como se ha puesto de moda ir al monte…”, muchas veces nos vemos obligados a definirnos diciendo lo que NO somos, por ejemplo: “acampamos, pero no somos campistas, subimos y bajamos montañas, pero no somos montañeros, usamos técnicas de supervivencia, pero no somos survivals, usamos hacha y sierra, pero no somos leñadores, tallamos, pero no somos artesanos de la madera, …
Básicamente, el bushcraft es la disciplina que recoge las diversas técnicas para vivir en el bosque de manera continuada y lo más cómoda posible. Cody Lundin, un experto en técnicas de supervivencia, decía algo así como “Con la supervivencia, si hay un problema, escapas de casa y corres a esconderte al bosque, con el bushcraft, cuando llegas al bosque ya estás en casa”.
El efecto de las Redes Sociales, en las que caemos muchos a pesar de peinar canas, tienen ese curioso efecto de “dedo-que-señala-a-la-luna”, donde no se ve más que el dedo, y la mirada desenfoca la luna. Buscamos lo llamativo, lo que puede atraer a los neófitos, lo que, en el fondo, puede agradar y llamar la atención del que mira. Como somos humanos, queremos agradar, deseamos ser apreciados, y por ello colgamos lo que consideramos más llamativo. Cuchillos y hachas, campamentos que rivalizan con los vikingos… Humo y espejos.
Es verdad que tras la pandemia, la gente ha salido a la naturaleza como plaga de langosta. Y cuando veo esta moda, a veces, me viene a la cabeza (sobre todo cuando encuentro basura en el monte) la cita de Pio Baroja, “El hombre: un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo”.
LA SABIDURÍA VIENE DEL BOSQUE
Dejadme que mencione mi particular readaptación de una frase de Dune. “La educación viene de la ciudad, la sabiduría de los bosques”.
Es por eso que, “sabiamente”, en el bushcraft no cortamos madera verde/viva (salvo permiso por entresaca o similares excepciones), no cazamos ni pescamos nada que no nos vayamos a comer, y habitualmente más como práctica que como operativa real (y contando con los permisos oportunos en los lugares prescritos).
Tampoco encendemos fuego innecesariamente, ni por supuesto en los momentos de peligro de incendio. Lo cual no quita para que sepamos hacer fuego por fricción con dos maderas, con determinadas piedras y con acero al carbono en forma del tradicional eslabón, con un ferrocerio, llamativo, pero de fácil manejo, con el sol o con lo que se tercie. Aprendemos a iniciar, apagar bien y mantener cuando sea necesario ese fuego que tanto hay que temer, pero que es tan necesario en algunas situaciones. Fuego que es el que, cuando nuestros antepasados bajaron del árbol, nos permitió mejorar nuestra dieta, estar protegidos de los depredadores, y por lo tanto dedicar más tiempo al ocio, como pintar las paredes de las cuevas, …
Lo mismo pasa con el agua, el cuarto elemento, a veces olvidado por tenerla a mano con facilidad, pero fuera de nuestro entorno de confort, un peligro real y mortal.
“El mayor peligro aquí, más que el jaguar o la anaconda, y por ende , el hombre, es el agua. O no la encuentras y te mueres de sed, o bebes agua mala y te vuelves loco”. Así me explicaba “Carlos, el Gato”, nuestro guía indígena, en mi primera entrada en el Amazonas ecuatoriano, en los lejanos 90. Hacía solo 5 años de que cerca de allí una tribu sin contacto con el exterior había matado al cura vasco Monseñor Labaca, a lanzazos.
El agua es un clásico cuando hablamos de la “Tabla de la Muerte” de la supervivencia… y llegamos a “3 días sin agua”, que es , aproximadamente, lo que aguanta un ser humano estándar sin el preciado líquido. Y vamos a olvidarnos de machadas del tipo “yo bebo poco y aguanto mucho”, …la falta de agua nos liquida. Va justo detrás del aire (3 minutos) y de la temperatura (30 minutos).
Hoy en día, dependiendo donde te encuentres, un malestar estomacal nos puede arruinar el día, llevarnos a urgencias, o algo peor… por eso hay que gestionar nuestra propia agua, y saber tratarla.
El agua se trata para su consumo fundamentalmente en dos etapas: primero se filtra y se libra de impurezas, para luego purificarla, o sea, hacedla bebible. Básicamente, vamos a dejar lo más limpia (a la vista) posible el agua, para que luego la podamos dejar los más limpia posible donde ya no lo vemos (microorganismo, virus, bacterias,…)
En nuestra asociación se insiste mucho, como formación transversal, en el agua y su tratamiento. Desde clásicos como las pastillas purificadoras, las gotas de lejía/cloro, el sol o, por supuesto hervirla (Mi mayor gastroenteritis me vino por beber agua hervida 1 minuto en las selvas en la zona de Tay Ninh, Vietnam, y solo la ayuda de Khoi Nguyen, exguerrillero “charlie” y guía del que aprender a moverte en jungla, me permitió seguir. Hay “bichos” que aguantan más de un minuto en agua hervida… ), hasta sistemas más avanzados que van desde el Grayl comercializado pero nacido de los Marines USA, filtros de palanca, filtros de tubo, ultravioleta portátiles como el Steri Pen, vemos, testamos y sacamos conclusiones.
Lo mismo sucede con el refugio, otro de las formaciones transversales que trabajamos. Desde un mínimo refugio improvisado, bien orientado y ubicado, sin “widowmakers” o el simple uso de una bolsa de basura para aguantar 24 horas mientras te rescatan, hasta construir una magnifica tienda en la que dormir cómodamente con una de las estrellas del bushcraft, el tarp, una lámina de tela o poliéster con múltiples enganches (o se le hacen). Peso mínimo e ingenio máximo, con un montón de configuraciones según gustos, compañía o climatología.
Y no podía dejar fuera a una de las especialidades del bushcraft más desconocidas y en las que la Asociación vasca es referente y precursora, el Rastreo. Seguir las huellas de las personas, seguir el rastro a un animal, borrar las propias huellas (contrarrastreo), y todas la variables interesantes, han llevado a nuestro colectivo a formarse con una de las mejores rastreadoras europeas, aunque de la escuela USA, Kyt Walken, y actualmente prepara un equipo que pueda colaborar con las autoridades cuando se pierde una persona en la montaña, cuando el mal tiempo, aquí endémico hasta ahora al menos, no permite el uso de perros o no hay material accesible para ofrecerles.
La formación es fundamental, pero necesita de una práctica continua. Si la retención media de una persona en un taller formativo es del 10%, ese 90% que se escapa hay que reforzarlo con mucha repetición y práctica, y eso hacemos en las salidas.
LEAVE NO TRACE
Otra de las características del Bushcraft, es que el practicante no deja señales de su paso. Ni restos de basura, ni de haber acampado (con el correspondiente permiso o vivaqueando, por supuesto). Se ha de ser escrupulosamente limpio y recogido.
Y es que el bushcraft, pese a lo anglosajón de su nombre, bebe de tradiciones ancestrales, de las formas de vida de nuestros antepasados, que ya eran viejas antes de que los bisabuelos de Jeremiah Johnson, referente de leyenda de esta especialidad outdoor, abandonaran Europa.
Aunque, como comentaba, se intenta recuperar, actualizar y si se puede, mejorar, las antiguas maneras de vivir en el bosque de nuestros antepasados, como en todo, el marketing USA, británico y nórdico vende más y mejor (y más caro). Y, además, aunque a veces la realidad es otra, no dan la sensación de pasarse el día criticándose unos a otros (…).
Y por eso son referentes: la escuela USA/ Canadá con el halo romántico de los territorios vírgenes, lo mismo pasa con los británicos, que tan bien han vendido a sus exploradores, y los propios nórdicos (Finlandia, Noruega, Suecia, …).
Originalmente los exploradores americanos no dejaban huellas por si un oso/puma /lo que fuera, nativos incluidos, le seguía la pista. Los nórdicos porque les parece impensable dejar basura tirada, y los británicos más por seguir la estela nórdica que nada, tampoco. Pero en general, salvo excepciones que todos los colectivos tenemos, si el bosque es tu casa, intentas dejarla lo más cuidada posible, ¿no?
NADA NUEVO BAJO EL SOL
Una de las conversaciones más habituales cuando sale el tema suele ser:
-Pero eso ya lo hacían nuestros abuelos, no habéis inventado nada.
-Bueno, muchas cosas claro que las hacían nuestros abuelos, ¿pero tu sabes construir un refugio según el clima, encender fuego sin mechero y lloviendo, cazar o pescar con una trampa, purificar agua, seguir un rastro, orientarte para no perderte, …
-Hombre, no, pero seguro que miro videos en Youtube y no es tan difícil…
Y es que estamos en la cultura de verlo desde el sofá, y juzgar, y, por supuesto, opinar. El tiempo en el que se opinaba basado en la experiencia propia ya pasó. E internet nos ha hecho expertos en todo. Modo irónico OFF.
El bosque, la montaña, son generadores de vida, te dan alimento y cobijo, y de la misma forma que ofrecen vida, te la quitan. Cualquier descuido puede salir muy caro, literalmente la propia vida, por eso insistimos tanto en formar tanto a nuestra gente asociada.
En nuestro grupo cerca del 50% son gente que viene de hacer montañismo en sus distintas versiones, o bicicleta de montaña, o escalada, …otros venimos de la supervivencia deportiva, y hay gente que es verdad que ha redescubierto la naturaleza con la pandemia, y son exactamente tan respetables como los demás. Vienen con ganas de aprender y descubrir, y, por qué no, de disfrutar.
La gran mayoría amamos la montaña/bosque/naturaleza con pasión, pero con serenidad, disfrutamos de esos extraños momentos como cuando el surfista espera, sentado en la tabla, la ola buena y el sol se refleja en al agua, en absoluta paz, o el subidón relajante del que ha hecho cumbre y las nubes se abren a tus pies, ofreciendo un paisaje maravilloso, ya sea un 700 o un 3000, y sacas el bocata y la bota de vino… o la paz interior cuando acampas en lo profundo del bosque, con la increíble vida nocturna que te rodea en ese momento, sin temor, sin preocupaciones, …esos momentos, más Zen imposible, son pura magia, pura comunión con la naturaleza… solo cuando lo has disfrutado me podrás entender, y seguro que sois muchos y muchas las que me entenderéis.
Parafraseando a un poeta de nuestros tiempos, el gran Loquillo, “no vine aquí para hacer amigos, pero siempre podéis contar conmigo”, con nosotros, amigos y amigas de la montaña. Muchas gracias, mucha montaña, mucha vida.







