El voluntariado corporativo está dejando atrás la imagen de una jornada aislada en la que un grupo de empleados cambia durante unas horas la oficina por una actividad social o medioambiental. La solidaridad empresarial continúa teniendo ese componente, pero cada vez se parece más a una disciplina de gestión: existen responsables de los programas, presupuestos específicos, indicadores, planes de comunicación, formación y estrategias para movilizar a la plantilla. El voluntariado se introduce así de lleno en un territorio tradicionalmente reservado a Recursos Humanos. El 91,5% de las organizaciones considera estas iniciativas una herramienta para mejorar su futura capacidad de atraer talento. Además, el 62,5% ofrece oportunidades para que los propios voluntarios asuman posiciones de liderazgo dentro de los programas.Voluntare pone en marcha en octubre su Curso de Voluntariado Corporativo
No existe una estadística oficial que permita saber exactamente cuántos trabajadores españoles participan cada año en actividades de voluntariado impulsadas por sus empresas. Sí hay, en cambio, suficientes datos para medir hasta qué punto se ha extendido el fenómeno.
Las estimaciones disponibles sitúan entre aproximadamente el 65% y el 69% la proporción de empresas españolas que desarrollan iniciativas de voluntariado corporativo. Una referencia reciente fija ese porcentaje en el 67%. Otro estudio realizado entre 73 compañías que desarrollan estas actividades de forma continuada señala que el 65,7% dispone ya de un programa alineado con el negocio y que casi la mitad, el 49,3%, había incrementado significativamente sus programas durante los tres años anteriores.
El avance empresarial se produce, además, sobre una base social considerable. El voluntariado organizado moviliza en España a más de 4,4 millones de personas, el 10,5% de la población mayor de 14 años. La tasa se mantiene desde 2023 en el entorno del 10%-11%, muy por encima del 6%-7% registrado entre 2017 y 2022, aunque todavía lejos del promedio europeo, situado alrededor del 19%.
El perfil mayoritario también dibuja una realidad muy vinculada al mundo laboral: el 58,4% de las personas voluntarias son mujeres y uno de los perfiles más frecuentes corresponde a personas de entre 35 y 54 años, con empleo y residentes en grandes ciudades. El ámbito social concentra el 56,7% del voluntariado, seguido del sociosanitario, con el 12,2%, el cultural, con el 11,5%, y el ocio y tiempo libre, con el 11,2%. El voluntariado ambiental representa el 9,6%.
De ofrecer voluntariado a conseguir que la plantilla participe
Que una empresa tenga un programa, sin embargo, no significa automáticamente que sus trabajadores se involucren de forma masiva. La participación continúa siendo uno de los grandes desafíos.
Algunas referencias sitúan en torno al 10% el porcentaje de empleados que participa activamente en los programas disponibles. Los datos de las organizaciones más desarrolladas muestran, no obstante, que ese techo empieza a romperse.
Un estudio internacional realizado en 2025 con 236 organizaciones de Europa y Latinoamérica concluyó que el 77% de las entidades analizadas conseguía movilizar a más del 10% de su plantilla. Diez años antes ese porcentaje era solo del 29%. Más significativo todavía: el 45% movilizaba al menos al 20% de sus empleados. Es decir, en casi la mitad de las organizaciones analizadas participaba uno de cada cinco trabajadores.
El cambio tiene mucho que ver con la integración del voluntariado dentro de la propia jornada. Cerca del 97% de las organizaciones estudiadas permite ya realizar voluntariado en horario laboral. En 2015 lo hacía el 82%.
El tiempo no es una cuestión menor. Entre la población española que no hace voluntariado, la falta de tiempo relacionada con el trabajo o los horarios aparece como la principal barrera, mencionada por el 37,3%. En el terreno estrictamente empresarial ocurre algo parecido: el 35% de las compañías identifica la falta de tiempo de los trabajadores como uno de los principales obstáculos para ampliar sus programas. Le siguen la falta de recursos para ejecutarlos, con un 30%, y las dificultades para medir su impacto, con un 25%.
Presupuesto, responsables y resultados
La profesionalización también se aprecia en la estructura que empieza a rodear a estas iniciativas. El 91% de las organizaciones participantes en el estudio internacional de 2025 disponía de un presupuesto específico para voluntariado corporativo y un 61% registraba una elevada implicación de sus equipos directivos.
La comunicación también empieza a sistematizarse. El 47% contaba con un plan específico de comunicación interna y externa y nueve de cada diez utilizaban el correo electrónico para difundir oportunidades y actividades.
Pero uno de los cambios más importantes está en los objetivos. El voluntariado ya no se concibe únicamente como una extensión de la responsabilidad social empresarial. Se conecta con cultura corporativa, reputación, formación, compromiso interno y captación de profesionales.
El 99,2% de las organizaciones analizadas declaraba alinear sus programas con los valores corporativos y el 99,6%, con necesidades detectadas en la comunidad. Cerca del 99% afirmaba promoverlos por responsabilidad social y alrededor del 98% para apoyar causas relevantes para sus grupos de interés.
A la vez, el 97% señalaba el desarrollo de competencias de los empleados como uno de sus beneficios; el 97,7% destacaba su capacidad para aumentar la motivación y el orgullo de pertenencia, y el 98,4%, su aportación a la relación de la organización con la comunidad.
Del voluntario con tiempo al voluntario con conocimientos
La siguiente transformación consiste en aprovechar no solo las horas de los trabajadores, sino lo que saben hacer.
Abogados que asesoran gratuitamente a entidades sociales, profesionales financieros que ayudan a ordenar cuentas, expertos en tecnología que combaten la brecha digital, especialistas en recursos humanos que preparan a personas vulnerables para una entrevista de trabajo o profesionales del marketing que ayudan a una ONG a mejorar su comunicación.
Es el denominado voluntariado de competencias, profesional o pro bono, una modalidad que gana presencia porque conecta de manera directa la actividad social con el conocimiento acumulado por las empresas.
La diferencia es relevante. Una organización no aporta únicamente personas, sino capacidades que, adquiridas en el mercado, tendrían un coste elevado para muchas entidades sociales.
Algunos programas empresariales muestran ya la escala que puede alcanzar el modelo. Leroy Merlin España registró 1.846 voluntarios en 2024, alrededor del 11% de su plantilla, trabajando con 95 entidades y llegando a más de 50.000 beneficiarios directos. Banco Santander cerró ese mismo año con más de 2.500 empleados participantes, cerca de 11.000 horas de voluntariado y más de 46.000 personas beneficiadas. La Asociación de Voluntarios de CaixaBank supera los 5.800 miembros activos.
En otras grandes compañías los programas tienen incluso dimensión internacional. Iberdrola señala que cerca de 23.000 personas participan en su programa corporativo y que una de sus últimas Semanas Internacionales del Voluntariado reunió a más de 2.600 asociaciones, cerca de 800 actividades y más de 90.000 horas de trabajo.
Discapacidad, medio ambiente y educación
La profesionalización también obliga a decidir dónde concentrar el esfuerzo.
En España, las personas con discapacidad ocupan un lugar especialmente relevante. El 83,3% de las empresas consultadas en un estudio sobre voluntariado corporativo desarrollaba iniciativas dirigidas a este colectivo. A continuación aparecían infancia y juventud, con un 51,8%; personas sin hogar, con un 38%; personas sénior, con un 37,7%, y mujeres en riesgo de exclusión, con un 25,5%.
Cuando se pregunta por los objetivos, la inclusión sociolaboral aparece como la principal motivación para el 65,2% de las empresas, ligeramente por delante de la protección del medio ambiente, señalada por el 61,4%. La educación y la formación para el desarrollo alcanzan el 27,4%.
Los beneficios buscados tampoco son únicamente externos. El 76,7% de las empresas destaca el refuerzo del sentimiento de pertenencia de los empleados; el 43,3%, la mejora de la reputación corporativa, y el 41,6%, el desarrollo de una mayor capacidad de inclusión dentro de los equipos.
Gestionar la solidaridad también se aprende
La aparición de programas cada vez más complejos está creando, en paralelo, una necesidad de perfiles especializados capaces de diseñarlos y administrarlos.
Ya no basta con encontrar una ONG y convocar a los trabajadores para una actividad. Gestionar un programa implica seleccionar proyectos, definir objetivos, coordinar a las personas voluntarias, relacionarse con entidades sociales, medir resultados, comunicar internamente las oportunidades, mantener la participación y demostrar qué impacto se ha conseguido.
La formación específica empieza a responder a esa demanda. Voluntare, una de las principales redes especializadas en voluntariado corporativo del ámbito hispanohablante, impulsa desde 2017 formación dirigida expresamente a quienes gestionan estos programas tanto desde empresas como desde organizaciones sociales.
Su Curso Superior en Gestión del Voluntariado Corporativo llegará en octubre de 2026 a su undécima edición presencial. Se celebrará los días 20 y 28 de octubre en Madrid y aborda desde el diseño de la estrategia hasta la gestión del ciclo completo del voluntariado, la comunicación, las alianzas con organizaciones sociales, el liderazgo interno, el reconocimiento a los participantes y el voluntariado profesional.
La propia existencia de este tipo de formación refleja hasta qué punto ha cambiado la actividad. El curso obtuvo en su edición de 2025 una valoración media de 4,7 puntos sobre 5 y plantea el voluntariado desde una doble perspectiva, la empresarial y la de las entidades sociales.
El objetivo ya no es simplemente organizar actividades solidarias. Es aprender a construir programas sostenibles, conseguir que participe una parte significativa de la plantilla y saber qué resultados producen.








