El futuro del empleo en Cantabria no se jubila: el talento sénior toma protagonismo

Durante años, el debate sobre el futuro del trabajo ha girado en torno a los jóvenes, la digitalización y la captación de nuevo talento. Sin embargo, los datos dibujan un escenario muy distinto: hoy, las personas mayores de 55 años ya superan a los menores de 30 en el mercado laboral español. Lejos de retirarse, el talento sénior se consolida como una pieza clave para la competitividad, el emprendimiento y la cohesión territorial. En comunidades como Cantabria, con un tejido empresarial dominado por pymes y autónomos, esta realidad no es una tendencia futura, sino un presente ineludible.

España está asistiendo a una transformación profunda y estructural de su mercado de trabajo. En los últimos cinco años, el número de personas mayores de 55 años activas ha crecido en más de 1,2 millones, hasta representar ya el 20,5 % del total de activos. No se trata de un fenómeno coyuntural ni de una consecuencia puntual de la reforma de las pensiones: es el reflejo directo del envejecimiento poblacional, la mayor esperanza de vida y la baja natalidad.

El dato más revelador es que los sénior activos ya superan claramente a los jóvenes menores de 30 años, una distancia que no deja de ampliarse. En 2019 la diferencia era mínima; hoy supera los 800.000 trabajadores. El futuro del empleo, por tanto, no se está construyendo únicamente desde la entrada de nuevas generaciones, sino desde la permanencia activa de quienes acumulan décadas de experiencia.

Esta transformación no es una percepción, sino una realidad respaldada por datos. Así lo confirma el V Mapa del Talento Sénior, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, que analiza la evolución del empleo de las personas mayores de 55 años en España durante el periodo 2019–2024 y proyecta su impacto hasta 2029.

Cantabria: cuando el talento sénior sostiene el tejido productivo

En Cantabria, este cambio adquiere una relevancia especial. La región cuenta con un tejido empresarial marcado por la pequeña y mediana empresa, el comercio de proximidad, la hostelería, la industria tradicional y el trabajo autónomo. Sectores donde la experiencia, el conocimiento del territorio y la estabilidad profesional son activos estratégicos.

Buena parte de los negocios cántabros —desde talleres industriales hasta comercios históricos, explotaciones agroalimentarias o empresas familiares— están hoy liderados o sostenidos por profesionales sénior. En muchos casos, no por elección, sino porque el relevo generacional no llega o no lo hace con la rapidez necesaria. En otros, porque la jubilación ya no se percibe como una salida inmediata, sino como una transición flexible.

El talento sénior, en este contexto, no solo mantiene la actividad económica, sino que garantiza la continuidad de sectores clave para el empleo local.

Más empleo, pero también más vulnerabilidad

El avance del talento sénior presenta, no obstante, una doble cara. Aunque el empleo entre los mayores de 55 años ha crecido de forma sostenida, también lo ha hecho el desempleo. En España, más de medio millón de sénior se encuentran actualmente en paro, casi el 19 % del total de personas desempleadas.

En territorios como Cantabria, donde la recolocación laboral es más compleja y las oportunidades están más ligadas a sectores concretos, el desempleo sénior puede convertirse en un factor de exclusión prolongada. A partir de cierta edad, reincorporarse al mercado laboral no siempre depende de la capacitación, sino de barreras culturales y estructurales que siguen presentes.

Empresas: del discurso inclusivo a la práctica real

El discurso empresarial ha evolucionado de forma notable. La mayoría de responsables de recursos humanos afirma hoy que la edad no es un impedimento para contratar. Sin embargo, la práctica avanza a un ritmo más lento. No todas las empresas están adaptando sus modelos de gestión, sus procesos de selección o sus condiciones laborales a una fuerza de trabajo más longeva.

En Cantabria, donde muchas pymes no cuentan con departamentos de recursos humanos profesionalizados, este reto es aún mayor. La contratación sénior suele producirse por necesidad o confianza previa, más que como parte de una estrategia consciente de talento. Aun así, el cambio de mentalidad es evidente y apunta a un escenario donde los equipos intergeneracionales serán la norma, no la excepción.

El peso del autoempleo y el emprendimiento sénior

Uno de los rasgos más significativos del talento sénior es su fuerte vinculación con el trabajo por cuenta propia. Las personas mayores de 55 años representan ya casi un tercio del total de autónomos en España. En Cantabria, esta realidad se traduce en profesionales que, tras una larga trayectoria laboral, optan por emprender, reinventarse o mantener su actividad de forma independiente.

Desde pequeños negocios hasta servicios profesionales especializados, el emprendimiento sénior aporta estabilidad, arraigo territorial y una visión a largo plazo. Además, cumple un papel clave en zonas rurales o semirrurales, donde la continuidad de la actividad económica depende, en muchos casos, de perfiles con experiencia y compromiso con el entorno.

Mujeres sénior: avances desiguales

La incorporación de las mujeres sénior al mercado laboral ha avanzado con fuerza en los últimos años, reduciendo la brecha de actividad y empleo respecto a los hombres. Sin embargo, esta mejora convive con una realidad preocupante: el desempleo femenino sénior sigue siendo superior y continúa creciendo.

En Cantabria, donde muchas mujeres han desarrollado trayectorias laborales intermitentes o vinculadas a los cuidados, el reto es doble. Reconocer su experiencia, facilitar su actualización profesional y combatir el edadismo resulta imprescindible para que el futuro del empleo no reproduzca desigualdades del pasado.

Mirando a 2029: una oportunidad que no puede desaprovecharse

Las proyecciones apuntan a que, en los próximos cinco años, la población sénior activa seguirá creciendo con intensidad. España, y Cantabria en particular, se enfrentan a una disyuntiva clara: convertir este fenómeno en una oportunidad o dejar que se transforme en un problema estructural.

Aprovechar el talento sénior implica adaptar políticas públicas, modelos empresariales y culturas organizativas. Significa flexibilizar la jubilación, fomentar la formación continua, impulsar la colaboración intergeneracional y reconocer que la experiencia no es un freno, sino un acelerador.

El futuro de la fuerza laboral ya no es una cuestión de edad. Es una cuestión de visión. Y en ese futuro, el talento sénior no ocupa un lugar marginal, sino central.

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