Fundadora de Sancantia, una joven consultora tecnológica con vocación social, Estela Molinero Quintana trabaja para que la inteligencia artificial y la automatización lleguen de forma práctica y accesible a autónomos, pymes y ciudadanos. Desde talleres formativos hasta soluciones digitales personalizadas, su objetivo es claro: democratizar la tecnología y generar impacto positivo en Cantabria, con una mirada global. En esta entrevista comparte su visión, los retos del emprendimiento tecnológico y cómo hacer que la innovación sirva de verdad a las personas.
P- ¿Cómo surge Sancantia y por qué decidiste centrarte en ayudar a que la tecnología facilite el día a día de autónomos y pequeños negocios?
R- SANCANTIA nace de algo muy simple: mirar alrededor y ver cómo muchos autónomos y pequeños negocios “no les da la vida”. Se pierden horas en papeles, correos y rutinas que no aportan valor, mientras la inteligencia artificial parecía reservada a las grandes corporaciones o a un futuro lejano. Con mi experiencia, durante más de 15 años, aplicando tecnología para mejorar la productividad comercial y la efectividad de los procesos en países de todo el mundo y con mi formación y pasión por la inteligencia artificial, entendí que la clave no era solo introducir nuevas herramientas, sino rediseñar la forma de trabajar para que esas herramientas se integren de manera natural y generen resultados reales.
Por eso, en SANCANTIA lo que hacemos es traducir lo complejo en soluciones prácticas. Diseñamos soluciones listas para usar, adaptadas a cada sector, que se conectan con las herramientas que el negocio ya maneja, y acompañamos durante todo el camino. No dejamos un software instalado y ya está: nos aseguramos de que la persona lo use con confianza, de que mejore sus procesos y de que realmente vea la diferencia en su día a día.
Y lo más gratificante es que el impacto se nota enseguida. Se gana tiempo, se reduce el esfuerzo en tareas repetitivas, aumenta el foco en lo que hace crecer el negocio, se disminuye el error humano, y, de paso, se consume menos papel, se evitan desplazamientos y se trabaja con más tranquilidad. Al final, SANCANTIA no consiste en vender tecnología, sino en liberar tiempo y devolver competitividad y confianza. Si logramos que una peluquería, un fisioterapeuta o un comercio local sienta que puede usar la IA con la misma naturalidad con la que enciende el ordenador cada mañana, sabremos que estamos cumpliendo nuestra misión.
P- Decís que queréis “democratizar la tecnología”. ¿Qué barreras te encuentras a la hora de acercar la IA a personas autónomas, pequeñas empresas o entornos rurales?
R- Cuando hablamos de “democratizar la tecnología” no es un eslogan bonito: es una necesidad real. Porque la mayoría de autónomos y pequeñas empresas no tienen ni el tiempo, ni los recursos, ni a veces la confianza para probar algo que suena tan grande, lejano y desconocido como “inteligencia artificial”. Y eso genera barreras muy humanas: el miedo a lo desconocido, la sensación de que “esto no es para mí” o la idea de que va a ser demasiado caro y complicado.
En entornos rurales o negocios más tradicionales, esto se acentúa todavía más: allí la prioridad es sacar adelante el día a día, atender al cliente y cuadrar cuentas. No sobra ni un minuto para ponerse a aprender sobre tecnologías que parecen lejanas y complejas.
Por eso, en SANCANTIA lo que hacemos es justo lo contrario: simplificamos al máximo, hablamos claro, usamos ejemplos cotidianos y, sobre todo, nos arremangamos con el cliente para que vea en directo cómo su negocio empieza a ahorrar tiempo y, por tanto, dinero desde el primer día. Nuestra misión es que la IA no sea un privilegio de unos pocos, sino una herramienta práctica para todos, también para quien nunca se imaginó que podría usarla. Porque, al final, la innovación solo tiene sentido si sirve para mejorar la vida y dar soluciones a quienes están al frente de esos pequeños negocios que sostienen nuestras comunidades.
P- ¿En qué consiste vuestro «copiloto comercial con IA» y cómo puede ayudar a que una pyme sea más competitiva?
R- El “copiloto comercial con IA” es como tener un ayudante invisible que trabaja contigo cada día sin pedir vacaciones y sin error humano. Imagina que tienes a alguien que atiende las consultas de clientes 24 horas los 7 días de la semana (vía web, WhatsApp, e-mail, teléfono…), gestiona la agenda, te prepara borradores de presupuestos, realizar seguimiento comercial, busca en segundos cualquier dato de tus tarifas o stock y con la posibilidad de tener todos esos procesos automatizados para que funcionen por sí mismos. Eso es lo que hace: quitarte de encima la parte repetitiva y pesada para que tú te centres en vender y en cuidar de tus clientes.
La clave está en que no es una tecnología fría ni complicada: se conecta a las herramientas que la pyme ya usa —aplicaciones, correo, documentos— y empieza a dar resultados desde el primer momento. Lo hemos diseñado para que una persona que no es experta en tecnología pueda sentir que tiene a su lado un compañero que organiza, agiliza y da seguridad.
El impacto se nota enseguida: menos tiempo perdido en tareas rutinarias, más agilidad para responder a los clientes y, sobre todo, la sensación de que puedes competir de tú a tú con empresas más grandes, sin necesidad de tener un equipo comercial enorme detrás. En definitiva, nuestro copiloto convierte la inteligencia artificial en algo tangible: un aliado que te ayuda a ganar tiempo, mejorar tu competitividad y, lo más importante, volver a disfrutar de tu negocio.
P- Una parte de vuestro trabajo es formativa, tanto con adultos como con niños. ¿Qué papel juega la educación en la transformación tecnológica real?
R- Siempre he pensado que la educación es la pieza que lo cambia todo. La tecnología por sí sola no transforma nada si la gente no sabe usarla, si le tiene miedo o si piensa que está fuera de su alcance. Y eso es lo que queremos romper: esa brecha entre quienes ya manejan la inteligencia artificial y quienes creen que nunca podrán hacerlo.
Por eso la formación es tan central en SANCANTIA. Con adultos trabajamos desde la práctica: nada de charlas abstractas, sino ejercicios reales para que una pyme vea cómo puede ahorrar tiempo en su facturación, en su atención al cliente o en la gestión de documentos. Lo mismo con autónomos: que sientan que la IA es una herramienta más de su día a día, igual que lo es el móvil o el correo electrónico.
Y con niños sembramos otra semilla: la de la curiosidad y el pensamiento crítico. Les mostramos que la IA no es magia, sino una herramienta que puede usarse para crear, resolver problemas y mejorar la vida de las personas, siempre con responsabilidad. Y que, desde pequeños, deben aprender a usarla con ética y responsabilidad.
La educación es, en definitiva, la forma de que la innovación no se quede en los centros de las grandes ciudades o en manos de las grandes empresas, sino que llegue a cada comercio de barrio, a cada municipio rural, a cada generación. Si conseguimos que cualquier persona, independientemente de su edad o de dónde viva, sienta que puede manejar la inteligencia artificial, entonces sí estaremos democratizando de verdad la tecnología.
P- Desde Cantabria con visión global: ¿cómo imaginas Sancantia dentro de unos años si todo va bien?
R- Me imagino SANCANTIA como un referente en cómo hacer que la tecnología trabaje para las personas y no al revés. Dentro de unos años, si todo va bien, quiero ver un ecosistema en el que cientos de autónomos y pymes en Cantabria —y después en otras regiones— estén optimizando sus procesos y usando nuestras soluciones como algo natural y sencillo en su día a día.
Sueño con ver nuestras soluciones funcionando en comercios, en despachos, en restaurantes… y que gracias a eso esos negocios sean más competitivos, más sostenibles y más atractivos para las nuevas generaciones. Me gustaría que nuestras soluciones de IA sean un sello de identidad en municipios que, hasta ahora, parecían quedar al margen de la innovación, y que desde Cantabria podamos exportar un modelo de digitalización inclusiva y medible.
En definitiva, imagino SANCANTIA como una empresa tecnológica con vocación global, pero con raíces muy locales: generando empleo de calidad aquí, ayudando a cerrar la brecha digital en los pueblos, formando a nuestros profesionales y jóvenes en nuevas competencias, y demostrando que desde un territorio pequeño se pueden impulsar soluciones que cambien la vida de mucha gente. Ese es el futuro que quiero construir: tecnología cercana, responsable y transformadora, nacida en Cantabria, con impacto global.







