Así puede mejorar Cantabria la asistencia a los mayores según los profesionales del sector

Buenas ideas, mucha experiencia sobre la mesa y una meta común: cuidar mejor y en red. Así se vivió la mesa redonda organizada por Cruz Roja Pas-Pisueña, bajo el título “Colaboración en el envejecimiento: fortaleciendo redes de asistencia y asesoramiento que reunió a más de 50 personas del ámbito sociosanitario, administraciones, empresas y entidades sociales de Cantabria, País Vasco y La Rioja.

El evento sirvió para poner sobre la mesa que cuidar también es una forma de generar empleo y comunidad. Sobre la mesa se repitieron conceptos como que la verdadera evolución del cuidado a las personas mayores empieza cuando ponemos a las personas en el centro y no al sistema. Y que a pesar de la falta de manos, formación y recursos, lo que sobra es compromiso, creatividad y ganas de hacer las cosas bien. Pero si algo quedó patente en esta jornada, es que la colaboración entre sectores no es una opción extra, sino la base sobre la que construir.

Pero para que todo esto funcione, hay que mirar también hacia dentro: mejorar de forma urgente las condiciones laborales de quienes cuidan. Profesionales esenciales, muchas veces invisibilizados, que necesitan estabilidad, reconocimiento y salarios dignos para sostener una atención de calidad. Porque no hay modelo centrado en la persona si no cuidamos (y formamos) también a quienes cuidan.

Las administraciones, por su parte, deben asumir un rol activo más allá de la financiación, como articuladora de políticas ágiles, contextualizadas y con visión de futuro. Es imprescindible que los servicios públicos evolucionen hacia modelos más flexibles, capaces de adaptarse a las realidades cambiantes de las personas y los territorios. Servicios que no operen de forma aislada, sino integrados en verdaderos ecosistemas de cuidado, donde comunidad, familia, profesionales y tecnología se conecten en red para ofrecer respuestas coordinadas, humanas y sostenibles. Porque envejecer con dignidad no debería ser un lujo, sino un derecho compartido.

“Queremos redes fuertes, humanas y útiles”
Con esta frase, Leticia Pérez Arreba, responsable de Cruz Roja en la zona, abrió el encuentro que forma parte del programa Reto Social Empresarial +, que conecta a personas en situación de vulnerabilidad con oportunidades laborales reales. Su mensaje fue claro: no se trata solo de sumar recursos, sino de construir una red que escuche, apoye y respete las decisiones de las personas mayores.

“Las residencias no son asilos”, aseguró en su intervención Encarna Otero (Residencia Virgen de Valencia). Abrió su intervención con una afirmación rotunda: “Las residencias ya no son asilos”. Reivindicó un cambio de paradigma en el modelo de cuidados, donde la dignidad, la atención personalizada y el respeto a las emociones y proyectos de vida de cada persona mayor estén en el centro. “Somos emociones, inquietudes, proyectos… y eso también hay que cuidarlo”, señaló, poniendo en valor la necesidad de un enfoque más humano e integral. Hizo hincapié en la importancia de contar con personal formado y en cantidad suficiente para garantizar una atención de calidad, y reclamó una mayor coordinación entre las distintas instituciones implicadas en el cuidado. Otero también destacó las buenas prácticas que se están llevando a cabo desde algunos municipios, como Piélagos, en la detección temprana de necesidades, y pidió que estos ejemplos inspiren a otros territorios. Su intervención dejó un mensaje claro: cuidar bien es posible, pero requiere voluntad, formación y trabajo conjunto.

“Nos faltan manos y sobran ganas” afirmó Juan García (Residencia Vega de Pas). Destacó la calidad de la red asistencial existente en Cantabria, pero fue claro al señalar uno de los principales desajustes del sistema: la brecha entre la creciente demanda de atención y la escasez de personal cualificado. “Faltan profesionales”, advirtió, y propuso orientar a las personas en situación de desempleo hacia un sector donde hay necesidad real. Defendió la creación de planes de formación específicos para quienes llegan sin cualificación, con el doble objetivo de mejorar la atención y generar empleo digno. También abordó los desafíos particulares del medio rural, donde prestar servicios requiere estrategias adaptadas, dada la dispersión geográfica y el envejecimiento poblacional. Propuso modelos de atención más abiertos y flexibles, en los que los mayores puedan acudir a centros solo para comer, asearse o participar en actividades, sin necesidad de ingresar. Asimismo, destacó la labor de Cruz Roja en la formación de cuidadores no profesionales y señaló una tendencia preocupante: el aumento de personas jóvenes con enfermedades degenerativas o problemas de salud mental en residencias, que requieren una respuesta diferenciada.

Martina Mantecón (Residencia Mixta San José) destacó que “todo tarda demasiado” . Abogó por un modelo de atención que combine los cuidados en residencias con apoyos personalizados en el entorno habitual de cada persona. Según explicó, muchas veces las familias necesitan recursos temporales que les permitan descansar sin tener que recurrir al ingreso permanente, planteando estancias breves como una solución que beneficia tanto al mayor como a su cuidador. Subrayó la necesidad urgente de agilizar los trámites administrativos, ya que muchas familias llegan desesperadas, sin respuestas a tiempo ni acompañamiento efectivo: “No se puede tardar tanto”, señaló con firmeza. También defendió la incorporación de nuevas tecnologías tanto en centros como en domicilios, no como un reemplazo del cuidado humano, sino como un complemento que mejora la calidad de vida, facilita la autonomía y permite una atención más adaptada. Su intervención dejó clara una idea: para cuidar bien, hay que cuidar con agilidad, flexibilidad y visión práctica.

“¿Y si les preguntamos qué quieren?”. Cristina Bezanilla, responsable de Acción Territorial y Voluntariado en UNATE, ofreció una mirada profundamente humana y participativa sobre el envejecimiento. Reivindicó el derecho de las personas mayores a ser escuchadas y a decidir cómo quieren vivir esta etapa de su vida: “Nadie les pregunta qué quieren. Nosotros sí lo hacemos”, afirmó con contundencia. Compartió la experiencia del centro comunitario multiservicios de Campoo de Yuso, un ejemplo inspirador de gestión participativa donde fueron los propios vecinos quienes diseñaron su funcionamiento. También remarcó que el 90% de las personas atendidas por UNATE son mujeres mayores, muchas viviendo solas, lo que evidencia la necesidad de políticas de envejecimiento con perspectiva de género. Alertó sobre el riesgo de que algunos programas de atención terminen aislando al mayor en su hogar, perdiendo el contacto con el entorno: “La calle es necesaria para mantener su red social”. E incluso fue más allá al señalar que la soledad no deseada, aunque asociada a la vejez, afecta hoy más a los jóvenes, lo que abre la puerta a pensar en redes intergeneracionales como solución compartida.

“Todos queremos envejecer en casa, pero no así”. Alexandra Cagigas, técnico-fisioterapeuta del Centro CADOS, puso el foco en una realidad cada vez más extendida: el deseo de envejecer en casa. Sin embargo, advirtió que el actual sistema de ayuda a domicilio es claramente insuficiente: ofrece pocas horas, es poco accesible y sigue siendo invisible para muchas familias. Defendió la necesidad de reforzar la formación del personal y, especialmente, de apoyar a los cuidadores informales que asumen un rol fundamental sin apenas respaldo. Cagigas propuso un enfoque integral de atención domiciliaria, basado en valoraciones personalizadas, la prevención de la sobreprotección, la eliminación de barreras físicas en el hogar y el uso de tecnología útil —desde sensores hasta recordatorios inteligentes—. También subrayó la importancia de fomentar hábitos saludables como la alimentación, el ejercicio físico y la vida social activa. Y fue clara en su planteamiento: es urgente dejar atrás el modelo de macroresidencias y avanzar hacia alternativas más pequeñas, accesibles y cercanas, pensadas para las personas, no para los números.

“Un centro de día puede cambiarlo todo”. María José Garay, coordinadora de los Centros de Día en Cantabria, reivindicó con fuerza el papel de estos espacios como una pieza clave en el mapa del envejecimiento activo. Frente a la imagen errónea de que acudir a un centro de día es sinónimo de abandono, defendió que son lugares donde las personas mayores recuperan autonomía, vínculos sociales y bienestar. “Muchos llegan pensando que van a ingresar, pero luego descubren que aquí paseamos, salimos a la plaza, tomamos un mosto…”, relató con cercanía. Subrayó también la importancia de eliminar la culpa que muchas familias sienten al recurrir a estos recursos y destacó que el verdadero valor está en poder elegir. Además, puso en valor la capacidad de los centros para reconstruir redes sociales y emocionales, incluso a través del voluntariado de antiguos familiares de usuarios, una fórmula poderosa que devuelve sentido y conexión a todas las partes implicadas.

Comparte:

Scroll al inicio