Cuando Guillermo Sarabia Bannatyne puso en marcha Silió Berries en 2012 no lo hizo siguiendo una estrategia empresarial previamente definida, sino impulsado por una mezcla de intuición, interés por la agricultura y el deseo de innovar en un ámbito completamente distinto al que hasta entonces había desarrollado su actividad profesional. Lo que comenzó como un proyecto casi accidental vinculado al cultivo de arándanos ha terminado convirtiéndose, con el paso de los años, en una pequeña empresa que busca su espacio en el mercado apostando por la transformación del producto y por una línea cada vez más orientada hacia la alimentación saludable.
“El nacimiento fue totalmente accidental”, recuerda Sarabia. “Veníamos de otro sector completamente diferente, pero siempre nos había motivado el mundo de la montaña y de la agricultura y quisimos probar a innovar”.
Durante casi una década la actividad de la empresa se centró exclusivamente en la comercialización de arándanos en fresco. Sin embargo, la propia dinámica del cultivo obligó a replantear el modelo de negocio. La temporada de recogida era demasiado corta para sostener la actividad durante todo el año.
“Durante ocho o nueve años estuvimos vendiendo únicamente la fruta en fresco”, explica. “Pero la temporada es muy corta y el negocio no es sostenible si solo vendes mes y medio al año”.
Ante esa situación, la empresa decidió comenzar a congelar parte de los excedentes de producción y experimentar con nuevas elaboraciones que permitieran alargar la vida comercial del fruto. Las primeras pruebas se centraron en la elaboración de mermeladas.
“Nuestro objetivo inicial era sacar una mermelada tradicional con azúcar”, relata. “Hicimos una pequeña tirada de unas 300 o 400 unidades, algunas con azúcar y otras sin él, y nos dimos cuenta de que el mercado aceptaba mucho mejor la de sin azúcar”.
Aquella experiencia marcó una línea de desarrollo que ha continuado en los últimos años. A las mermeladas se sumaron posteriormente los zumos elaborados sin azúcares añadidos ni aditivos, las infusiones y, más recientemente, nuevos productos que amplían la gama.
“Luego empezamos con los zumos, también sin azúcar añadido ni aditivos, y después introdujimos las infusiones”, señala Sarabia. “Como novedad este año hemos sacado las galletas de avena con arándanos”.
La evolución del catálogo responde también a un cambio progresivo en los hábitos de consumo. Según el responsable de Silió Berries, cada vez es más evidente que el consumidor busca productos más naturales y con menos ingredientes añadidos.
“El mercado va hacia una alimentación mucho más saludable, con menos azúcar, menos aditivos y menos conservantes”, afirma. Aun así, la empresa ha optado por mantener dos líneas de producto diferenciadas para adaptarse a distintas preferencias. “Todos sabemos que el azúcar gusta y que hay productos que lo necesitan, pero también hay cada vez más consumidores que buscan opciones sin azúcar añadido”.
Más allá de las tendencias de consumo, el principal reto para una explotación pequeña como Silió Berries se encuentra en el propio mercado del arándano. La entrada de grandes productores ha presionado los precios y ha dificultado la viabilidad de los cultivos familiares centrados únicamente en la venta de fruta fresca.
“Plantaciones como la nuestra, pequeñas y familiares, lo tienen muy difícil en el mercado de fruta fresca”, reconoce Sarabia. “Hay grandes compañías que aparecen y marcan precios muy bajos, mientras que a nosotros sacar un kilo de arándano en nuestra finca nos cuesta muchísimo”.
Por ese motivo, la estrategia de futuro pasa por reforzar la transformación del producto y continuar explorando nuevas elaboraciones que permitan aportar mayor valor añadido a la producción.
“Creo que el futuro puede estar en la elaboración de nuevos productos”, resume.
En ese proceso de consolidación, el respaldo del sello Sabe a Norte ha sido, según explica, un elemento clave para proyectos como el suyo. Sarabia lo define como “un paraguas importantísimo” que facilita visibilidad y apoyo institucional a los productores locales.
“Por nuestros propios medios no podríamos estar mostrando nuestros productos en muchos de los espacios en los que ahora estamos”, señala. “Sabe a Norte ofrece comunicación, apoyo y promoción, y para nosotros ha sido una oportunidad inmensa. Es un poco la cuarta pata que necesitábamos para sostener el negocio”.
Con una explotación que sigue siendo de carácter familiar y con la mirada puesta en seguir desarrollando nuevas líneas de producto, Silió Berries representa uno de los ejemplos de cómo la innovación, incluso a pequeña escala, se ha convertido en una herramienta fundamental para asegurar el futuro de la agricultura en Cantabria.







