Innovación rural: vino, orujo y visitas guiadas para impulsar el entorno

La destilería lebaniega Sierra del Oso, capitaneada por Ángel Moreno, ha sido reconocida este año con la Alquitara de Oro 2025 al Mejor Orujo del Año. Un galardón que premia no solo la calidad del producto, sino una trayectoria de más de tres décadas marcada por la apuesta firme por el territorio, la producción propia y la fidelidad a una elaboración artesanal que ha situado a esta marca como uno de los grandes referentes del sector en Cantabria y en toda España. Desde allí nos explica cómo trabajan la viña con mimo, respetando los tiempos de la tierra, cuidando variedades tradicionales como la Mencía o el Albariño y cerrando el ciclo de producción con compost elaborado a partir del orujo ya destilado. Un proyecto que combina tradición, sostenibilidad y mucho amor por el entorno.

¿Cómo ha cambiado la producción de uva desde que empezasteis hasta ahora?
La uva aquí se da muy bien. Esta viña tiene solo dos años y mira cómo está ya. Lo de abajo, que empezamos antes, tiene tres años y ya nos ha dado uva este año. Para que una viña dé una producción normal tienen que pasar cinco años, y para que sea buena de verdad, entre ocho y diez. Pero ya con tres años hemos podido recoger algo.

¿Y cuánto puede durar una viña?
Muchísimo. Tenemos viñas centenarias. Mis abuelos ya las conocieron viejas, y ellos fallecieron hace más de 20 años, con 80. O sea, que esas cepas tienen más de 100 años. Están plantadas en vaso, muy gastadas, pero siguen dando. Dan poca uva, pero buena. Eso sí, hay que cuidarlas mucho, podarlas muy cortas, mimarlas.

¿Se nota en el sabor que una uva venga de una viña centenaria?
A partir de los 20 años ya está muy bien la uva. Yo no noto la diferencia entre una viña de 20 y una de 100 en sabor. Lo que sí cambia es la cantidad: las viejas dan menos.

Estáis preparando una zona de catas aquí. ¿En qué consistirá?
Sí, estamos montando una pequeña bodega para vinificar la uva de esta finca, y una sala de catas donde se podrá degustar nuestro vino y también el orujo. Queremos organizar visitas, porque este sitio es espectacular. Ahora aún están pequeñas las viñas, pero cuando estén crecidas será muy potente a nivel visual.

¿Utilizáis vuestros propios residuos como abono?
Claro. El mejor abono que tenemos son los hollejos de uva destilados. Lo que destilamos pasa tres años haciendo compost, y después vuelve a la viña como abono. Cerramos el ciclo completo: cultivamos, vinificamos, destilamos y abonamos con lo que queda. No generamos residuos. Este compost tiene muchas propiedades y además oxigena muy bien la tierra. Al ser tan suelto, hace que la tierra esté más esponjosa y favorece la vida de las lombrices. Eso ayuda al desarrollo de las raíces.

¿Cómo está organizada la plantación?
En esta finca tenemos dos hectáreas, pero la hemos plantado en dos hileras: una en espaldera y otra en semiemparrado. Es como si tuviéramos el doble. Para eso necesitamos abonar muy bien, porque hay muchas plantas en poco espacio. Tenemos cinco variedades de uva. En tintas: Mencía, Merlot y Tempranillo. En blancas: Godello y Albarín. Ahora mismo estamos mezclando Godello y Albarín, pero igual más adelante los separamos y hacemos vinos distintos con cada una.

¿Y cuáles son las variedades tradicionales de aquí?
De toda la vida aquí se ha cultivado Mencía en tinto y Albarín en blanco. También había Carrasquín y otras, pero esas dos eran las más comunes. En las casas antiguas había muchas viñas, porque se dependía de la cosecha para vivir.

¿Qué esperáis que aporten las visitas a vuestra finca?
Creemos que este entorno tiene un potencial enorme. Cuando la viña esté completamente crecida y el viñedo se vea lleno, con los Picos de Europa de fondo, será algo espectacular. Es un paraje natural único, y poder mostrarlo a quienes se acerquen a conocer nuestro trabajo será muy especial.

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