A los 31 años, Sandra Hoyal Rodríguez decidió dejar atrás una carrera sólida en grandes multinacionales —Deloitte, Unilever o Equipos Nucleares— para cumplir un sueño que llevaba años posponiendo: crear su propia agencia de viajes. Así nació Libélula Travel, un proyecto que diseña viajes a medida para quienes buscan vivir el mundo de una forma diferente, más consciente y personal. Un año y medio después, Sandra demuestra que perseguir lo que de verdad te apasiona puede ser el viaje más transformador de todos.
P- Sandra, ¿en qué momento sentiste que había llegado la hora de dejar el mundo corporativo y apostar por tu propio proyecto?
R- La idea de hacer algo propio llevaba años rondándome. Me gustaba mi trabajo, pero cada vez sentía más que estaba viviendo una vida muy pautada y rutinaria sin espacio para lo que realmente me movía. Me di cuenta de que lo que más ilusión me hacía no eran los proyectos en los que trabajaba, sino planear mis propios viajes o los de la gente que quería. Un día simplemente entendí que, si no lo intentaba, me iba a quedar con la espinita toda la vida.
P- Venías de trabajar en entornos muy estructurados y seguros. ¿Qué fue lo más difícil —y lo más liberador— de dar el salto al emprendimiento?
R- Lo más difícil fue soltar la sensación de seguridad, esa idea tan instalada de que tener un trabajo fijo, en una gran empresa y con un buen salario es sinónimo de “suerte” o de “éxito”. Llegó un momento en el que me sentía en una especie de jaula de oro: tenía algo que mucha gente deseaba, pero yo no lo quería.
Tomar la decisión da vértigo, claro, pero también fue lo más liberador: dejar de vivir en piloto automático y empezar a construir algo que realmente refleja quién soy. Cada paso, aunque incierto, tiene sentido.
P- ¿Cómo recuerdas ese primer día fuera de la multinacional y el primero dentro de Libélula Travel?
R- El primero fuera fue una mezcla de alivio y vértigo. Me sentí rarísima sin reuniones, sin mails… y con una libertad enorme pero a la vez con la duda constante de si la decisión era la correcta. Ese día me lo tomé como un descanso absoluto, necesitaba digerirlo. Pero al día siguiente ya estaba frente al ordenador, empezando a construir este proyecto.
El primer día de Libélula Travel fue puro entusiasmo y vértigo a partes iguales. No tenía clientes ni sabía dónde empezar a llamar a puertas, pero me senté y pensé: vale, ahora sí… toca sacar las castañas del fuego. Y, aun así, sentí una ilusión enorme.
P- ¿Por qué apostaste por los viajes a medida y qué diferencia aporta frente a las agencias tradicionales?
R- Porque creo que viajar no es solo “ver lugares”, sino conocer su cultura, sus tradiciones, su gastronomía,…. Las agencias tradicionales tienden a vender paquetes cerrados; yo quería justo lo contrario: diseñar experiencias que se adapten a cada persona y que el cliente pueda decir “esto lo han hecho para mí”.
P- ¿Qué tipo de viajero es el que más se identifica con Libélula Travel?
R- Personas que valoran los detalles, la atención y también suelen ser personas que apuestan más por un modelo de negocio local. Suelen ser parejas que buscan una luna de miel diferente o viajeros que quieren vivir una experiencia concreta en su viaje.
P- ¿Qué aprendizajes de tu paso por grandes empresas te han resultado más valiosos ahora que diriges tu propio negocio?
R- Muchos. La exigencia, la capacidad de análisis, la resolución ágil de problemas, la organización… Si no hubiese pasado por un entorno multinacional probablemente a día de hoy no tomaría las mismas decisiones y no tendría la capacidad de empujar este proyecto cómo lo hago.
P- ¿Qué te ha enseñado el emprendimiento sobre ti misma y sobre tu manera de trabajar?
R- Que soy mucho más capaz de lo que pensaba, y que el miedo es normal pero no puedes permitir que te frene. Me ha enseñado a confiar, a pedir ayuda y a entender que los resultados no siempre llegan rápido, pero llegan.
P- ¿Qué consejo le darías a alguien que tiene un empleo estable pero siente la llamada de emprender o cambiar de rumbo?
R- Que escuche esa voz. No hace falta lanzarse sin red, pero sí empezar a dar pasos: formarte, observar, probar. A veces el cambio no empieza con un gran salto, sino con una decisión pequeña. Si algo te mueve de verdad, tarde o temprano va a encontrar la forma de hacerse hueco.
También es importante rodearse bien: contar con una red de apoyo —familia, amigos o incluso otros emprendedores— puede ser clave. Este camino no es fácil, pero sí tremendamente satisfactorio.
P- Desde tu experiencia, ¿qué destinos o tendencias están marcando la forma de viajar hoy en día?
R- Desde luego, el destino estrella de los últimos años es Japón. Es un viaje que permite disfrutar de cierta libertad, con tiempo para perderse a su aire y una cultura que no deja indiferente a nadie. Pero cada pareja es diferente y me piden todo tipo de destinos.
Y eso conecta con algo que estoy viendo mucho: cada vez hay más gente que quiere salir del “todo incluido” y apostar por experiencias diferentes. Aprender a cocinar con una familia local, recorrer un mercado con alguien del lugar, dormir en un alojamiento con encanto o en una cabaña en mitad de la selva.
Además, con las redes sociales hay cada vez menos espacio para la imaginación —parece que ya hemos visto todo antes de llegar—, así que a la gente le encanta que la sorprendas, que descubran rincones menos masificados o momentos que no aparecen en Instagram. En el fondo, todos buscamos lo mismo: vivir algo auténtico y sentir que ese viaje solo podía ser nuestro.







