Influyentes Cantabria

Jorge de Benito: Estaciones de servicio, hacia una economía baja en carbono

Su nombre formará parte de la historia de los hitos energéticos del país como Presidente de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio el día en el que se inauguró en Madrid la primera hidrogenera que permite repostar en cinco minutos. Al cántabro Jorge de Benito le ha tocado representar al sector en el que será recordado posiblemente como momento más complejo de su historia, con facturaciones recortadas hasta el 90% y el desafío de abordar una compleja transición hacia un nuevo modelo ambiental. Hoy en Lo Mejor de  Influyentes recuperamos su reflexión.

Antes de que se desatara la pandemia de Covid-19, las estaciones de servicio ya se enfrentaban a un futuro a corto y medio plazo plagado de desafíos: las nuevas tecnologías de propulsión, las crecientes restricciones a la circulación de vehículos en el centro de las ciudades, los cambios de hábitos de los consumidores y la creciente digitalización de la economía y la sociedad constituían sólo algunos de los principales retos que ya se dibujaban en el horizonte de las empresas que suministran energía para la movilidad.
La expansión del coronavirus no ha hecho sino acelerar estos cambios que ya se intuían y las estaciones de servicio nos estamos viendo obligadas a protagonizar un viraje que ya habíamos iniciado y que, dadas las circunstancias, tenemos que intensificar si queremos seguir desempeñando un papel protagonista en el segmento de la energía para la automoción.
Los hombres y mujeres que día a día garantizamos la movilidad de empresas y particulares gracias a nuestro esfuerzo y al desempeño de nuestros miles de empleados tenemos el firme compromiso de continuar siendo garantes de esa movilidad en el futuro, independientemente de cuáles sean los vectores energéticos que nos demanden nuestros clientes.
Somos conscientes, además, de la responsabilidad que tenemos a la hora de minimizar el impacto que nuestra actividad tiene en el medio ambiente, por lo que pese a que no existe aún demanda suficiente de energías alternativas como para rentabilizar las inversiones en las infraestructuras de recarga, ya estamos haciendo importantes esfuerzos en este sentido, pese a la nula rentabilidad actual de estas operaciones.

Nos enfrentamos a un desafío sinigual, por mucho que otros actores del segmento de la automoción y una parte importante de la Administración no acabe de ver el enorme reto al que nos enfrentamos las estaciones de servicio y, de cuya superación, depende que el día de mañana la sociedad que conocemos siga disfrutando de las opciones de movilidad que garantizan nuestras instalaciones.

La pandemia, y más concretamente las medidas tomadas por las autoridades para contener la expansión del virus, ha servido para que todos nos diéramos cuenta de cuánto echamos en falta la movilidad cuando nos privan de ella. La imposibilidad de ir a un municipio colindante al nuestro, o de pasar el fin de semana en la playa o en la montaña, o incluso de ver a nuestros familiares que viven lejos ha cubierto con un velo de melancolía a nuestra sociedad.
Eso desde el punto de vista personal, pero qué decir del impacto que la reducción de la movilidad está teniendo en los negocios. Y no hablo exclusivamente de nuestro sector, que vive caídas que en algunos casos llegan al 90% frente a un ejercicio normal. El hecho de no poder movernos libremente está afectando sobremanera a la industria turística y hostelera, dos de los principales motores de nuestro país.

Imaginemos qué ocurriría si el maldito virus ya no estuviera entre nosotros o -lo que afortunadamente parece más probable- que contáramos con una vacuna eficaz contra él. Y ahora imaginemos que, pese a ello, la movilidad de empresas y particulares no hubiera recobrado la normalidad.

Sin el menor ánimo de parecer catastrofista, ése es el escenario al que podríamos enfrentarnos si las estaciones de servicio no adaptáramos nuestra oferta de productos y servicios a las necesidades cambiantes de nuestros clientes.

Sabedores de cuál es nuestro papel en la economía y en la sociedad, los empresarios de estaciones de servicio hacemos un esfuerzo continuo de reinversión de nuestros beneficios en la mejora de nuestros negocios. Digitalización, estrategias empresariales centradas en el cliente y un servicio cada vez más personalizado son sólo algunos de los factores que vienen a sumarse a la incorporación de nuevos productos que nos permiten avanzar hacia una economía baja en carbono.
Ese esfuerzo, no obstante, debe verse favorecido e impulsado por la Administración, que es quien tiene la responsabilidad social de romper el viejo dilema del huevo y la gallina y acompañarnos en la necesaria reconversión industrial a la que está abocado el sector de las estaciones de servicio. Y cuando digo acompañarnos no aludo únicamente a la imprescindible inyección económica que necesitan las miles de pymes que conforman la red para reducir el impacto que el transporte tiene en la salud y el medio ambiente.
Me refiero también a valorar en su justa medida a un sector que genera 50.000 empleos, que en su conjunto aporta el 2,5% del PIB y que mantiene desde hace años una decida apuesta por la innovación. Los empresarios estaremos a la altura, de eso no cabe duda, y garantizaremos la movilidad de empresas y particulares tal y como venimos haciendo desde hace décadas.

 

 

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