En Cantabria hay empleo. Lo dicen los datos y lo confirman las empresas. Hay vacantes que se repiten mes tras mes, oficios que “nunca tienen paro” y sectores que crecen sin encontrar a quién incorporar. La paradoja es conocida: mientras unas personas buscan una oportunidad, otras empresas no consiguen cubrir puestos clave. Y en medio, una brecha que no deja de ensancharse.
El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) lo define con un término poco habitual fuera de los despachos: ocupaciones de difícil cobertura. Detrás de esa expresión técnica hay una realidad muy concreta: soldadores que no aparecen, cuidadores que no llegan, mozos de almacén que no se encuentran, perfiles industriales que se jubilan sin relevo. Un problema estructural que no se resuelve con titulares ni con soluciones rápidas.
En Torrelavega, sin embargo, alguien decidió empezar por lo esencial: formar para lo que realmente se necesita.
Escuchar antes de formar
La estrategia de la Cámara de Comercio de Torrelavega no parte de modas ni de programas genéricos. Parte de escuchar. A las empresas, a los sectores productivos, a los datos oficiales. Y, sobre todo, a una realidad que se repite en polígonos industriales, comercios y servicios sociales: faltan personas preparadas para trabajos que ya existen.
Así nacen acciones formativas que no prometen milagros, pero sí algo mucho más concreto: empleo real. Cursos diseñados para cubrir vacantes, no para engordar currículos. Formación pensada para entrar a trabajar, no solo para aprender.
Los últimos ejemplos son claros. Atención a personas en situación de dependencia y especialización en el sector metal. Dos ámbitos muy distintos, pero con un punto en común: ambos sostienen buena parte de la economía y ambos tienen serios problemas para encontrar profesionales.
Oficios que sostienen la vida… y la economía
Cuidar no es solo una tarea vocacional; es un sector estratégico en una comunidad cada vez más envejecida. Lo mismo ocurre con la industria del metal, un pilar histórico del tejido productivo cántabro que hoy se enfrenta a jubilaciones masivas y a la falta de relevo generacional.
Frente a ese escenario, la formación se convierte en una puerta de entrada. Para personas desempleadas, para quienes necesitan reinventarse, para mayores de 45 años que acumulan experiencia pero encuentran barreras para volver al mercado laboral.
No es una casualidad que muchos de estos cursos se desarrollen dentro del programa Talento 45+. Porque hay talento disponible. Lo que falta, muchas veces, es el encaje.
Más allá de los oficios: adaptarse a un mercado que cambia
Pero el problema no se limita a los trabajos tradicionales. La digitalización ha añadido una capa más de complejidad. Hoy, quedarse fuera del mercado laboral no siempre tiene que ver con la edad o la falta de ganas, sino con no manejar las herramientas básicas del presente.
Por eso, junto a la formación en oficios, la Cámara ha desplegado programas vinculados a Inteligencia Artificial, marketing digital, logística avanzada y competencias digitales básicas. No como discursos futuristas, sino como soluciones prácticas para autónomos, pymes y personas desempleadas que necesitan adaptarse a un mercado cada vez más exigente.
La tecnología, bien entendida, deja de ser una amenaza y se convierte en herramienta de impulso empresarial. Y eso también es empleabilidad.
Emprender para no desaparecer
El comercio local y el pequeño negocio viven su propia batalla. Competencia global, cambios en los hábitos de consumo, presión digital. Aquí, la formación vuelve a ser clave. No para abrir negocios sin red, sino para hacerlos sostenibles.
Cursos de creación de empresas online, formación específica en retail, gestión, ventas o digitalización han permitido a muchos emprendedores dar el salto con más garantías. Porque emprender sin formación hoy es casi una forma de resistencia, pero emprender con herramientas es una estrategia.
Una respuesta desde el territorio
Nada de esto ocurre en abstracto. Ocurre en una comarca concreta, con empresas concretas y personas con nombres y apellidos. Por eso el papel de la Cámara de Comercio de Torrelavega resulta especialmente relevante: actuar desde el territorio, con conocimiento del entorno y visión a medio plazo.
La falta de mano de obra no se solucionará de un día para otro. Pero cada persona formada para un puesto real es un paso menos en esa brecha que separa empleo y personas.
En Cantabria, el reto está claro. Y la formación, cuando se alinea con la realidad, sigue siendo la respuesta más eficaz.







