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Fabien Berrier: Cantabria no vive del turismo, vive de la industria

Fabien Berrier reflexiona sobre la industria nuclear en Cantabria

Fabien Berrier, fundador de FABE Business Development, empresa centrada a ayudar a pymes del sector metal a entrar en los sectores industriales de alto valor añadido como el nuclear, aporta hoy en Lo Mejor de Influyentes un punto de vista disruptivo sobre la realidad de la Comunidad: Cantabria no vive del turismo, vive de la industria.

Contrariamente a la falsa creencia establecida y oficialmente asumida, nuestra región no vive del turismo sino de la industria. Su aportación al PIB de Cantabria es superior a la media nacional (al contrario del turismo…). La calidad de este tejido industrial ya no está por demostrar y están empezando a surgir muchas oportunidades de sectores industriales de alto valor añadido, que, consientes de este nivel de profesionalismo, se plantean fabricaciones españolas para obtener ese plus de competitividad y flexibilidad en sus proyectos de entidad que les puede aportar las empresas industriales de esta tierra.

Ese es el caso de la industria nuclear francesa y lo hace fundamentalmente por dos motivos principales. El primero es para paliar deficiencia de su propia cadena de suministro nacional. El grueso del programa nuclear civil francés, el más extenso de toda Europa, vio la luz a mediados de los años 70. Muchas PYMES industriales se crearon o se sumaron a este ambicioso programa industrial dirigidas por los niños nacidos tras la segunda guerra mundial y quienes se lanzaron en este sector altamente tecnológico como dirigentes de sus empresas nuevamente creadas con la vista puesta en el futuro prometedor de esa energía que no produce CO2. A estos directivos les tocó jubilarse en plena crisis del sector tras el incidente de la central de Fukushima. Dejaron en el mejor de los casos, sus empresas a manos de nuevos propietarios que redujeron drásticamente su exposición al sector nuclear o, en el peor de los casos, empresas cerradas o vendidas para ser reconvertidas para otras industrias.

El segundo es para intentar sanear un problema de competitividad tremendo en sus dos extremos industriales: la construcción de centrales nuevas de última generación y el desmantelamiento de los primeros reactores en fin de vida útil. Por el lado de las construcciones nuevas, es público el problema que tienen de presupuesto con las centrales de nueva generación que aparte de ser las más potentes jamás construidas también multiplican sus sistemas de seguridad para acercarse todo lo posible al riesgo 0. Y es un problema que una energía que siempre esta cuestionada no se puede permitir en los tiempos que corren. Por otro lado, está el tema de desmantelamiento. Como cualquier primera vez, el sector se enfrenta a una problemas técnicos y tecnológicos jamás encontrados. El diseño de soluciones totalmente nuevas partiendo de una hoja en blanco cuesta dinero y mucho más del que se había previsto.

¿Y cuál es la venta de la industria cántabra y española en esta situación? Su calidad y su competitividad. Estos proyectos nucleares requieren de la fabricación de equipos que en muchas ocasiones se fabrican a medida y con series muy muy cortas por no decir unitarias. Cualquier automatización de procesos de fabricación es entonces inviable económicamente y el nivel de conocimiento, la destreza y la calidad de la mano de obra cualificada es un factor clave. Cantabria, en este aspecto, cuenta con recursos abundantes y competitivos. En estos proyectos entre el 30 y el 40% de los costes totales son de mano de obra cualificada y a este nivel de exigencia, España es imbatible frente por ejemplo a los países del este que carecen globalmente del nivel de calidad requerido. Y si la comparamos con Francia, nuestros vecinos ningunearon al final de los 90 en su política de educación las formaciones vinculadas al sector metal en particular y cualquier profesión manual en general. Lo está pagando hoy en día con una carencia en soldadores, caldereros, tuberos y un largo etc.. de gremios vitales para una de sus industrias más importante que sufre de mala prensa y ve los mejores profesionales de estos gremios irse a sectores mejor valorado como el sector aeronáutico entre otros.

Por todos esos motivos el tejido industrial cántabro tiene la formidable oportunidad de darse a conocer en un sector industrial que ofrece estabilidad a muy largo plazo – las centrales de nueva generación siendo diseñadas para 60 años de vida útil a los cuales hay que añadir otros 40 años de desmantelamiento por un total de 100 años de trabajos industriales vinculados a ellas – y reputado por su proteccionismo y su conservadurismo. ¿Lo aprovecharemos?

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