Actualmente, la nuclear representa el 20% de la electricidad generada en España. En 2024, produjo unos 50 TWh, lo que la situó como la segunda fuente del mix eléctrico. Funciona de forma continua y predecible durante todo el año, con más de 7.700 horas equivalentes a plena carga. A diferencia del viento o el sol, no depende del clima ni de la hora del día y en el país del gran apagón, esto debería ser importante. Sin embargo, a mediados de la próxima década España podría enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿Cómo mantener la industria funcionando sin energía nuclear? Aunque el calendario oficial prevé cerrar las siete centrales nucleares entre 2027 y 2035, el último informe de Monitor Deloitte plantea un escenario complicado si se apagan los reactores antes de tiempo.
“La industria necesita un suministro constante, firme y estable”, subraya el informe. Y el momento no puede ser más delicado: la demanda eléctrica del sector industrial crecerá en los próximos años por la electrificación de procesos y, especialmente, por la llegada masiva de centros de datos y nuevos polos industriales ligados a los combustibles renovables.
España, de hecho, se prepara para acoger proyectos de enorme consumo energético. Solo en centros de datos hay inversiones anunciadas por más de 15.000 millones de euros, como el proyecto Altamira. También hay fábricas de baterías, electrolizadores y plantas de hidrógeno verde en cartera. Todo ello dependerá de una electricidad abundante, descarbonizada y, sobre todo, competitiva.
El problema es que cerrar las nucleares sin un respaldo alternativo suficientemente maduro —como el almacenamiento a gran escala— podría encarecer el mercado eléctrico. Según Deloitte, el precio medio subiría en torno a 14 €/MWh en 2035 si se cumple el calendario de cierre. Para la industria, eso se traduce en unos 1.400 millones de euros más al año solo en factura eléctrica.
Durante la crisis energética de 2022, la nuclear amortiguó el golpe. El informe estima que evitó un sobrecoste de 5.000 millones de euros gracias a su estabilidad frente al alza del gas. También hay impacto ambiental: mantener la nuclear evitaría unas 14 millones de toneladas de CO₂ al año, la mitad de las emisiones actuales del sistema eléctrico.
El efecto se notaría a pie de fábrica. En Cataluña, el ahorro para la industria sería de 280 millones anuales; en la Comunidad Valenciana, 150 millones. Sectores como la alimentación, la química o la metalurgia —que emplean en conjunto a 600.000 personas— serían los más beneficiados.
El debate sobre las nucleares no es solo técnico ni ideológico. Es una cuestión de energía, industria y economía. A medida que el país se adentra en una transición energética aún incompleta, la pregunta “¿qué hacemos sin las nucleares?” gana fuerza. Y, por ahora, sigue sin respuesta fácil.
Visto desde una fábrica, el problema no es menor. Sectores como la metalurgia, la química o la cerámica operan sin interrupciones, y su demanda eléctrica no se adapta fácilmente a las curvas solares. La electricidad representa el 55% del gasto energético industrial, y en algunos sectores supera el 80%.







