Influyentes Cantabria

¿Pueden las personas con discapacidad aportar valor en la recuperación económica?

Sólo 1 de cada 4 personas con discapacidad en edad laboral en España trabaja. Una de ellas además lo hace para que el resto también consiga emprender.  Esperanza Fernández Martínez es Consultora en la entidad de Fundación ONCE para la formación y el empleo de personas con discapacidad. Su misión es apoyar proyectos de emprendimiento nacidos de la iniciativa de personas con discapacidad. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca, donde también estudió un máster en Integración de personas con discapacidad, es candidata a formar parte de Accumen Fellows,  programa intensivo de desarrollo de liderazgo para personas que aspiran a solucionar los problemas sociales más complejos de nuestra época. Hoy en Influyentes plantea una pregunta ¿Pueden las personas con discapacidad aportar valor en la recuperación económica?

La respuesta inmediata a la pregunta es «sí». Pueden, deben y lo hacen. La respuesta más detallada está en estas líneas que siguen…

Cuando terminé mis estudios (qué inocente era al pensar que «los estudios» acaban en algún momento de la vida) busqué empleo. Enviaba mi currículum a las ofertas que aparecían en las páginas sepias de los periódicos; pocas empresas tenían sección de empleo en sus web, los portales de empleo no funcionaban como ahora, y buscarlo era una habilidad desconocida para mí.  Me encontraba bastante perdida. Además, no sabía en qué podía trabajar. El mero hecho de haber podido estudiar en un entorno «normalizado» ya era un gran paso, y más aún haber obtenido una licenciatura.

Actualmente, más de veinte años después de haber terminado mi carrera, compruebo que menos del 17% de las personas con discapacidad tienen estudios universitarios.

Ah, sí, no lo dije antes, tengo una discapacidad. Pertenezco a ese menos del 10% de la población, la más grande (y heterogénea) de las minorías.

Los servicios de orientación públicos no eran, por aquel entonces, expertos en temas de discapacidad, así que me derivaban a servicios sociales, pero tampoco era mi sitio. Ni siquiera las entidades privadas que colaboraban con los servicios de empleo sabían cómo asesorarme…

En las empresas, mis potenciales empleadores, la discapacidad era un concepto ajeno, casi extraño; los departamentos de recursos humanos, aun con buena intención, conservaban prejuicios de otras épocas y carecían de un interés real en la incorporación de personas con discapacidad en sus plantillas. La responsabilidad era más medioambiental que social, y la parte legal se cubría mayoritariamente con donaciones y certificados de excepcionalidad.

En ese panorama desalentador, seguía perdida, hasta que, por casualidad, di con la que sería mi segunda casa.

La Fundación ONCE llevaba una década trabajando por la accesibilidad, la inclusión laboral y la formación de personas con discapacidad. A través de la actual Inserta Empleo ofrece servicios de captación, desarrollo de talento e intermediación laboral para el colectivo, impulsando su inclusión.

Ese era mi sitio. Un lugar donde la mayoría de los profesionales tenían una discapacidad, donde eran verdaderos expertos en la materia, donde tenían experiencia, no sólo en orientación y formación, sino con las empresas, a las que ofrecían sus servicios de consultoría de recursos humanos, sensibilización, análisis de puestos… y, sobre todo, en la selección del talento con discapacidad más adecuado a sus necesidades.

Tras recibir orientación, encontré trabajo en otra empresa, pero, una vez concluido mi contrato, me ofrecieron incorporarme a su plantilla. Mi formación era como psicóloga y me estaba especializando en discapacidad. Era justo el perfil que buscaban.

Llevo más de veinte años trabajando como consultora en Inserta-Fundación ONCE, avanzando en este camino, el de la inclusión, junto a compañeros expertos, presentes en todas las comunidades.

La situación de las personas con discapacidad ha cambiado mucho en estas décadas, la contratación ha aumentado progresivamente desde 2012, la responsabilidad social se ha incorporado a las distintas esferas hasta cobrar el protagonismo recibido en la Agenda 2030, a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Se ha transformado en una labor común. Tener los mismos derechos y oportunidades, aportar valor a la sociedad a través del empleo, es una tarea de todos. Es responsabilidad de las propias personas con discapacidad y sus familias, pero también de las empresa, pequeñas, medianas y grandes, de la Administración -en todos sus ámbitos-, de la sociedad, de la ciudadanía en general, en el día a día.

La inclusión de las personas con discapacidad en esta sociedad diversa en la que vivimos es imprescindible, y sólo aporta beneficios. Beneficios para las empresas que contratan, porque les aportan valor añadido, proporcionan rentabilidad económica y social, mejoran clima laboral, contribuyen con un ejemplo de superación…

Sin embargo, sólo 1 de cada 4 personas con discapacidad en edad laboral en España trabaja. Y cuando lo hacen son con contratos temporales y muchos a jornada parcial. Si eres mujer con discapacidad la brecha salarial es mayor y si eres joven con discapacidad, las posibilidades de trabajar son de menos del 10%…

El año 2020 no ha sido un bueno para nadie, pero para las personas con discapacidad ha sido aún peor. Retrasos en sus consultas y tratamientos, más ERTE que en la población sin discapacidad y un descenso del 30% en la contratación.

Este 2021, la recuperación económica debe llegar a todos, sin dejar a nadie atrás, comprometiéndonos cada uno desde nuestra responsabilidad.

Tú puedes ayudarnos, puedes contar con nosotros. Cuando vayan a contratar en tu empresa, que sean personas con discapacidad; cuando nos oigas contar nuestra idea de negocio, apóyanos, las personas con discapacidad también somos emprendedoras.

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