La Huerta de Chaves ha convertido el pimiento de Isla en el centro de un proyecto familiar que busca dar más recorrido a uno de los productos más reconocibles de la huerta cántabra. A partir del cultivo propio y de una elaboración artesanal, la marca ha apostado por la conserva para ampliar su presencia más allá de la temporada y abrir mercado sin desvincularse de su origen.
El pimiento de Isla tiene una paradoja. Es uno de esos productos que en Cantabria apenas necesitan presentación y que, sin embargo, fuera de la región siguen siendo mucho menos conocidos que otros pimientos vinculados desde hace años a un territorio concreto. Para La Huerta de Chaves, parte de la explicación está en algo tan sencillo como el calendario: durante mucho tiempo hubo pimiento mientras duraba la cosecha. Después, había que esperar al año siguiente.
Cambiar esa lógica está detrás del proyecto que esta familia de Isla ha puesto en marcha en torno a un cultivo que forma parte de su propia historia. En casa se plantaba pimiento desde hace generaciones, inicialmente como complemento a la economía familiar. La producción fue creciendo después y, cuando la familia abrió un restaurante, siguió cultivándolo, primero para venderlo y más tarde también para utilizarlo en el propio establecimiento. El siguiente paso ha sido convertir ese conocimiento acumulado durante años en una línea de conservas capaz de prolongar la vida comercial del producto.
No se trata, por tanto, de recuperar ahora un cultivo desconocido para ellos, sino de darle otra salida. La familia ha conservado su propia simiente a lo largo del tiempo y sigue situando el pimiento en el centro de un proyecto que aspira a convertirse en su actividad principal. En estos momentos todavía lo compaginan con el restaurante, aunque su intención es terminar dedicándose plenamente a La Huerta de Chaves.
La idea parte también de una reflexión sobre el propio recorrido del pimiento de Isla. Su prestigio en Cantabria y en parte del norte de España no ha ido acompañado históricamente de una estructura capaz de mantener el producto en el mercado durante todo el año. Las producciones eran fundamentalmente familiares y se concentraban en una campaña corta. Cuando terminaba, desaparecía también la posibilidad de encontrarlo hasta la siguiente cosecha.
“Se vendía en dos meses. Se acababa la producción y no dejaba de existir hasta el año que viene”, explican desde La Huerta de Chaves. Para la familia, esa estacionalidad ayuda a entender por qué un producto muy reconocido en su entorno inmediato no ha alcanzado fuera la notoriedad de otros pimientos asociados a sus lugares de origen.
Del cultivo a la conserva
La respuesta ha sido llevar el pimiento al tarro. La Huerta de Chaves cultiva su propia producción en Isla y mantiene un proceso de elaboración artesanal. Según detalla la propia empresa, los pimientos se seleccionan, se asan sobre carbón vegetal, se pelan manualmente y se envasan en pequeñas producciones.
La conserva introduce un cambio importante porque permite desvincular el consumo de las pocas semanas en las que tradicionalmente estaba disponible el producto fresco. “Pudiéndolo embotar y pudiendo que la gente pueda comer un pimiento de Isla en Navidad o en abril, abriendo un bote de conserva, pues poco a poco se vaya conociendo más y que la gente lo vaya apreciando”, señalan.
Ahí está buena parte de la apuesta de La Huerta de Chaves: no modificar la identidad del producto para buscar nuevos mercados, sino encontrar una forma de conservarlo que permita ampliar su recorrido. En su catálogo, el pimiento aparece asado en su jugo y también asado y posteriormente frito en tiras. A partir de esa materia prima han desarrollado además mermeladas de pimiento, mientras que la gama se ha ampliado con salsa de tomate y otras elaboraciones vinculadas a la huerta.
El planteamiento es seguir avanzando por ese camino. En la entrevista, la familia explica que ha comenzado también a trabajar con cebolla y que contempla elaborar un pisto. El pimiento, en cualquier caso, seguirá siendo el centro de la marca. “Es un poco de valor añadido al buque insignia, que es el pimiento”, resumen.
Esa ampliación de productos no esconde, sin embargo, uno de los problemas que condicionan el futuro del proyecto y del propio cultivo. Para que el pimiento de Isla pueda ganar presencia también será necesario producir más, y hacerlo en un momento en el que el trabajo agrícola encuentra dificultades para atraer relevo. Desde La Huerta de Chaves reconocen que el campo exige muchas horas y que no resulta sencillo encontrar personas dispuestas a incorporarse a esta actividad.
Su aspiración es que el crecimiento de la demanda y la posibilidad de comercializar el producto durante más meses terminen haciendo también más atractivo su cultivo. “Lo único que hay que hacer es plantar más y que la gente lo conozca fuera de aquí”, sostienen.
Un producto de Isla que busca viajar más lejos
En ese camino, La Huerta de Chaves destaca el acompañamiento recibido por la Oficina de Calidad Alimentaria de Cantabria (ODECA) y por el Ayuntamiento. La familia considera especialmente importante que el producto pueda presentarse con referencias que permitan al consumidor identificar su procedencia y la existencia de controles sobre su elaboración.
Esa es también la razón por la que La Huerta de Chaves ha incorporado Sabe a Norte a sus envases. Para la empresa, el distintivo permite reforzar precisamente dos de los atributos sobre los que quiere construir su crecimiento: que quien encuentre uno de sus tarros pueda reconocer que está ante un producto cántabro y que detrás existe un sistema que acredita y controla su procedencia y calidad.
“Que se vea que es un producto autóctono, que es un producto cántabro y, por qué no, llevarlo lo más lejos posible”, resumen desde la familia.
La ambición, vista así, es bastante concreta. No consiste en desligar el pimiento de Isla del lugar que le da nombre, sino precisamente en utilizar ese origen para ampliar su recorrido. Durante generaciones, la familia Chaves lo plantó como una ayuda a la economía doméstica, después lo llevó a su restaurante y ahora lo introduce en conserva. El producto sigue naciendo en la misma huerta. Lo que cambia es hasta dónde puede llegar y, sobre todo, durante cuánto tiempo puede encontrarse.







