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La empresa familiar, mucho más que un legado

El 89% de las empresas españolas son familiares. Ellas generan el 67% del empleo y el 57% del PIB del sector privado. Por tanto, su visión es fundamental para entender los cambios que ha experimentado el contexto corporativo y las posibles soluciones que impulsarán la recuperación y el crecimiento en los próximos años. La empresa familiar no es solo una organización, es algo más. Gestionar una empresa familiar va más allá de cuadrar un balance. La estrecha relación que mantienen con sus personas define una estrategia en la que es tan importante el qué como el cómo. El crecimiento debe sustentarse en la confianza. Al fin y al cabo, la actividad de la empresa es el reflejo de la filosofía de la familia: encontrar el equilibrio perfecto entre márgenes de beneficio, calidad de producto y satisfacción de las personas es clave para la reputación de la marca y la fidelización de sus trabajadores, clientes y proveedores.

469 encuestados, de los cuales 415 son empresas familiares, y 17  directivos compañías familiares españolas de distintos sectores y territorios y  con experiencias diversas durante la pandemia son la base del informe ‘Empresa familiar 2021. Recuperación y crecimiento’ realizado por la consultora KPMG España. De este análisis se extraen diez claves que condensan los principales aprendizajes de los últimos meses, aunque buena parte de ellos ya estaban integrados en su filosofía de empresa.

Para los empresarios familiares, lo importante es el legado. En los últimos meses, las empresas familiares, especialmente en los sectores que se han visto más afectados por la pandemia, han visto cómo sus ventas se quedaban lejos de las expectativas que barajaban antes de marzo de 2020. Algunas han decidido incrementar su deuda para hacer frente a los efectos de la COVID-19 y otras han optado por aprovechar estos meses de menor actividad para mejorar sus negocios desde el punto de vista operativo y organizativo. En uno y otro caso, el objetivo es el mismo: que el proyecto continúe. En esa labor desempeña una función fundamental la transmisión de los valores de la familia a las nuevas generaciones, que, en algunos casos, se han incorporado a la gestión del negocio durante la pandemia.

Las personas primero. Esta es la máxima que las empresas familiares han seguido en los últimos meses”. En los momentos de mayor incertidumbre, es cuando las compañías tienen que generar mayor confianza entre los ciudadanos. Por un lado, han reforzado la protección de sus trabajadores y han fomentado el teletrabajo en todas aquellas áreas en las que era posible. Por otro, han adoptado medidas orientadas a garantizar la tranquilidad financiera de sus trabajadores, ante el impacto de la pandemia en el empleo. Asimismo, han intentado limitar los efectos tanto en sus clientes, garantizando el servicio, como en sus proveedores, asegurando el pago de facturas y el mantenimiento de su actividad.

Más allá de la sana competencia, los directivos que se sitúan al frente de las empresas familiares son conscientes de que, si una empresa de su sector obtiene buen resultado, probablemente repercutirá de forma positiva en su negocio. Por esa razón, en estos meses en los que muchas organizaciones han visto comprometida su viabilidad, se han esforzado en proteger el tejido productivo, fomentando la colaboración con otras compañías, con proveedores o con la administración pública. “El objetivo era mantener la actividad para que, una vez pasado lo peor de la crisis, la recuperación se produjese a un ritmo más acelerado”.

Para las empresas familiares su principal activo son las personas. Por esa razón, consideran que atraer y fidelizar el mejor talento es clave para su desempeño futuro. Sin embargo, esta labor no es sencilla, especialmente en aquellos territorios que se ven afectados por los retos de la despoblación y el envejecimiento. Hacer visible la función que las compañías cumplen en las comunidades en las que desarrollan su actividad y, sobre todo, ofrecer un proyecto atractivo para el desarrollo de una carrera profesional resulta indispensable para garantizar el crecimiento futuro.

Las empresas familiares son conscientes de que su viabilidad depende de su capacidad de adaptación a los cambios en el entorno y la innovación desempeña un papel clave en este aspecto. La cercanía, que facilita la comunicación entre directivos, profesionales, proveedores y clientes, impulsa la adopción e implementación de nuevas ideas. La creación de nuevas líneas de negocio, el lanzamiento de nuevos productos o la digitalización de procesos operativos y organizativos han sido algunas de las estrategias que han emprendido para superar los efectos de la pandemia y sentar las bases de la recuperación y el crecimiento a medio plazo.

Las empresas familiares han sido pioneras en comprender el poder transformacional de la sostenibilidad, hasta tal punto que lo han convertido en un valor diferencial con respecto a otras compañías. Su conocimiento del entorno, fruto del arraigo en los territorios donde desarrollan su actividad, la búsqueda de la eficiencia y la adaptación a un consumidor más concienciado e informado han impulsado una estrategia más responsable con el impacto en el medio ambiente, cuyos beneficios también se reflejan en los balances.

La pandemia ha puesto de manifiesto que aquellas empresas que llegaron a marzo de 2020 con una posición financiera más robusta, un proceso de digitalización más avanzado y, especialmente, una mejor reputación, han sorteado mejor los efectos de la pandemia. Esa solidez se trabaja en los momentos de bonanza. Los buenos resultados no deben frenar, sino potenciar el análisis del entorno con el fin de detectar tendencias y transformaciones, prever riesgos y adoptar las decisiones que permitan dar una respuesta eficaz ante los mismos. Y frente a la posibilidad de un evento disruptivo como la COVID-19, la confianza que se haya generado en clientes, proveedores, acreedores y sociedad es la mejor credencial para garantizar la viabilidad de la compañía.

Aumentar de tamaño es el gran reto. Solo una de cada cuatro empresas familiares encuestadas es grande, mientras que prácticamente la mitad son pequeñas. El tamaño incide directamente en la resiliencia de las compañías ante las crisis. La colaboración con otras empresas y entidades, la internacionalización o la diversificación de productos y servicios son algunas de las estrategias para crecer y ganar músculo. No obstante, estas soluciones deben conservar la cercanía y la flexibilidad con clientes, proveedores y comunidades, que constituyen un valor diferencial de la empresa familiar frente a otros actores mucho más grandes.

El estrecho vínculo de las empresas familiares con su entorno más inmediato ha quedado patente en estos meses de emergencia sanitaria, en los que han mantenido un contacto continuo con los hospitales más cercanos con el fin de conocer la evolución de la situación y colaborar. Analizar concienzudamente sus cadenas de suministro en busca de material sanitario, adaptar sus líneas de montaje para fabricarlo o poner sus instalaciones al servicio de los profesionales de la salud han sido algunas de las iniciativas que han llevado a cabo. Y las empresas familiares son conscientes de su impacto en el bienestar de las comunidades donde desarrollan su actividad. Su buena gestión redunda en su excelente reputación.

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