Influyentes Cantabria

El cántabro que se convirtió en el primer español en disfrutar una “baja maternal”

Cuando ha transcurrido un año desde que es posible solicitar telemáticamente la excedencia por nacimiento de hijos y los documentos oficiales ya no usan palabras como “padre” o “madre” sino primer y segundo progenitor, es difícil imaginar la travesía del cántabro Marcelino Martínez en 1992 por las ventanillas de la Seguridad Social con una demanda: voy a cuidar de mi hijo, quiero tramitar una “baja maternal”. Hoy cuenta en Influyentes y por primera vez la experiencia que le convirtió en el primer español en solicitar un permiso de maternidad y lactancia. Lo hace cerrando un círculo cuando, con la contratación de su hijo para cubrir una baja paternal, siente que «ha servido de algo ser pionero por los derechos paternales de los hombres”.

Era la España de la Expo 92 cuando nació Álvaro, el primero sus dos hijos. Marcelino, empleado entonces en Viesgo, decidió solicitar el resto de la baja “maternal” a la que tenía derecho después de que su mujer hubiera disfrutado las cuatro semanas obligatorias tras el parto. Y fue justo en ese momento en el que descubrió que, hasta entonces, nadie en la Seguridad Social había tramitado una solicitud similar.

¿Eres viudo? Y ¿por qué? Son las dos preguntas que Marcelino Martínez habrá respondido más veces en su vida. Y es que ni en 1992 cuando nació su primer hijo ni en 1996 cuando nació Lucía, la segunda, resultaba aún sencillo de entender que un hombre decidiera aparcar su vida profesional para cuidar de un recién nacido. Y no, la viudedad no tuvo nada que ver con una decisión motivada por el compromiso con el cuidado familiar y con la carrera profesional de su mujer, la empresaria y consultora de género Montserrat Peña.

“Algunos me miraban raro y otros simplemente no lo entendían pero también recibí invitaciones de varias televisiones privadas que estaban iniciando su andadura para dar mi testimonio ya que no encontraban a nadie más que hubiera solicitado este tipo de baja. Nunca acepté”

La travesía administrativa pero también social de Marcelino Martínez comenzó en 1992 cuando España acababa de estrenar la ley que concedía a los padres la posibilidad de solicitar permisos por el cuidado de sus hijos y “yo no quería ser un padre de un rato y de dar normas y la paga sino disfrutar de la crianza en el amplio sentido del término de mis hijos”. Pero la burocracia tampoco se lo puso más fácil cuando cuatro años después, con una nueva ley en vigor, repitió la solicitud para cuidar de su hija. Tal y como recuerda fue “mucho más complicado que ya la baja se consideró un pago delegado y nadie sabía cómo gestionarlo. Recurrí al centro de información de los derechos de la mujer de Santander ya que ellas si estaban muy actualizadas y fue la jurídica del centro la que me facilito la documentación con la que posteriormente fui a mi empresa y a la Seguridad Social”.

Treinta años después lo tiene tan claro como entonces, “los hijos/as son de la madre y del padre y ser padre es mucho más que llevarlos al fútbol, es estar con ellos desde el principio de su vida, cambiando el pañal o levantándose por la noche si lloran, llevarles al colegio, ir a las reuniones de madres y padres y pagar la matrícula de la universidad”.

Su decisión fue acogida con sorpresa entre los compañeros de trabajo «porque desconocían que pudiéramos tener los hombres este derecho». Pero no faltaron las bromas poco políticamente correctas ni quien, al estilo Pajares y Esteso, le llamara «calzonazos». También hubo quien le reprochó el peligroso «mal ejemplo» por si si sus mujeres se enteraban y demandaban lo mismo. Además, recuerda,  «más tarde me he enterado que les había generado preocupación a algunas personas en la empresa hasta que comprobaron que era legal». Recuerda con humor «los comentarios cuando solicité la baja maternal. la hora de lactancia y vacaciones acumuladas para cuidarles porque algunos pensaban que estaba loco o que mi mujer era una mandona o algo peor».

Hoy  tiene claro que  «la conciliación no existirá mientras los hombres no entendamos que tanto dentro como fuera de casa tenemos que participar al 50 % porque  los hijos e hijas son también responsabilidad nuestra al 50 %»

Su experiencia le ha llevado a estar convencido de que «la brecha salarial es consecuencia de que los hombres no participamos en los cuidados en la casa etc, estamos pidiendo a las mujeres que trabajen por nosotros dentro y también fuera del hogar y esto hace que mucha tengan que solicitar medias jornadas».

Tiene claro que «que los cuidados de las personas dependientes, mayores y menores, hasta ahora se entienden como  “obligación” de las mujeres. Cuando un hombre cuida de sus padres mayores por ejemplo se le valora más y se le aplaude socialmente, a una mujer se entiende que es normal. Si un padre va a las reuniones del colegio de sus hijos, pasa lo mismo, a veces consciente e inconscientemente. Tampoco el teletrabajo ha mejorado esta situación. En su opinión «puede ser una trampa para las mujeres por la disponibilidad 24 horas».

Ante la pregunta ¿qué cree que ha aportado a sus hijos su decisión? asegura que «un modelo de familia y de padre y madre diferente más igualitario más democrático y más participativo, además cuando el padre se implica en los cuidados también lo hace su familia paterna y no solo la materna como suele ser lo habitual y de esta forma se enriquece su vida» pero «no solo a mis hijo,s a mis sobrinas ,amigos ,el efecto siempre es multiplicador».

Hoy, admite sentirse orgulloso de haber contribuido al cambio social y siente que un círculo se cierra ahora que su hijo ha sido contratado para cubrir una baja paternal. Asegura que “parece que sí que ha servido de algo ser pionero y defender los derechos paternales de los hombres”. Tiene razones. La Seguridad Social tramitó hasta abril 109.644 prestaciones por nacimiento y cuidado de menor. De ellas, 52.441 correspondieron al primer progenitor, habitualmente la madre, y 57.203, al segundo progenitor.

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