Influyentes Cantabria

David González. CEO de Mademan Group

Este mes de noviembre hemos pedido a un grupo de directivos una reflexión sobre como gestionar la incertidumbre:  ¿Cuáles son los recursos que hay en la mente del CEO para lograr que su equipo recupere la confianza en el futuro de la propia empresa y de la economía y sea así un activo en la consecución de las metas?

Abre esta sección David González, CEO de Mademan Group

En la España del siglo XXI, y tras una primera década fantástica donde casi todo era predecible y previsible, pasamos a incorporar a nuestras vidas un factor desconocido para nuestra generación que era la incertidumbre permanente ante un mundo altamente cambiante. Desde 2011, los directivos hemos tenido que lidiar con la toma de decisiones en unos entornos enormemente volátiles que han tenido su momento culminante  este año con una inimaginable pandemia capaz de frenar la economía mundial en seco.

Por ello, es ahora cuando debe salir a relucir el talento directivo en forma de toma de decisiones acertadas capaces de llevar este barco a buen puerto. En el argot marinero se llama capear el temporal y en los tiempos actuales resiliencia empresarial.

Lo primero que tenemos que pensar es que el rumbo a tomar depende de nosotros y sólo de nosotros y que éste ha de ser firme. Para ello tendremos primero que analizar la situación y trazar un plan al que aferrarnos firmemente. Ese plan pasa por fijar unos objetivos estratégicos exigentes pero asumibles y trasladárselos a nuestros equipos para que fluyan a lo largo de la organización.

Pero esto por sí sólo no sirve para nada si no somos capaces de trasladar certidumbre a nuestros equipos. Es como cuando pasamos un área de turbulencias en un avión y miramos a la cara de las azafatas. En nuestro particular avión, nuestra gente tiene que ver, además de un Plan, claridad de ideas e ilusión.

Para ello, la trasparencia es fundamental y debemos tratar de bajar información real de la situación y pintar un futuro al alcance de la mano con el esfuerzo de todos.

Si no somos capaces de subir a éste barco a todo el mundo, llevaremos un lastre que tiene mas trascendencia que el propio peso en sí, ya que se tarda menos en derribar que en edificar y el desánimo, la impotencia y la ansiedad son malos compañeros de viaje y ya se sabe, “todo se pega menos la hermosura”.

No cabe duda que el movimiento se demuestra andando y por ello los CEO nos encontramos en esta época ante una prueba de resistencia en la que tenemos que llevar al equipo a rebufo para limitar su desgaste y sacar de ellos el máximo partido en un momento en el que es mas importante que nunca dosificar y rentabilizar el esfuerzo porque estamos en una prueba de fondo.

Y para que todo ello funcione, debemos ser capaces de trasladar que las crisis son territorio de oportunidades. En estos momentos más que nunca, debemos luchar por el orgullo de pertenencia organizacional y para ello sólo hay un requisito indispensable; tener delante a un líder.

 

 

 

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