Jacobo Pombo. Talento, innovación y cooperación: claves para un futuro brillante

Para Jacobo Pombo, Presidente del Global Youth Leadership Forum (GYLF), principal foro global de diálogo intergeneracional, Cantabria está ante una oportunidad histórica de consolidar un ecosistema empresarial atractivo, de alto valor agregado y alineado con las palancas fijadas por la Comisión Europea como motores de crecimiento de nuestra sociedad: digital, verde e inclusiva.

El año 2020 no sólo será recordado como aquel en el que el planeta se vio sumido en una de las mayores crisis de nuestra historia, triple crisis (sanitaria, económica y social) que ha cimbrado nuestro modelo de convivencia y ha sacudido al mundo (de manera simultánea, aunque asimétrica) acelerando gran parte de las tendencias globales que se habían consolidado en los últimos años. También, como aquel que sacó lo mejor de todos nosotros y nos obligó a reforzar los mecanismos de cooperación (local, regional, nacional e internacional) de cara a tratar de salir fortalecidos de una situación sin precedentes.

Tras la incertidumbre inicial, pudimos ver como la cooperación (local, regional, nacional e internacional) se consolidó como una de las principales características de la respuesta que dimos (y estamos dando) frente a esta tragedia personal, económica y social que afronta el planeta.

Rápidamente, el mundo entendió la necesidad de cooperar para superar una situación en la que las respuestas individuales se mostraban claramente insuficientes de cara a solventar este gran desafío. El reforzamiento de los mecanismos de cooperación internacional (económica, financiera, científica, política, social…) se convirtió en la principal herramienta para responder a un desafío global que nos amenazaba a todos.

Los países trataron de implementar un plan de choque (bastante coordinado y adaptado a las afectaciones de sus sectores estratégicos) de cara a paliar la crisis sanitaria (reforzando esfuerzos para obtener la vacuna), económica (con planes de estímulo y apoyo a economías nacionales y empresas) y social, tratando de poner al ciudadano en el centro de la acción política y buscando preservar los elementos del sistema económico que funcionaban antes de la eclosión de esta crisis.

La sostenibilidad, tendencia consolidada ampliamente en las agendas de empresas y gobiernos a lo largo de los últimos años, pasó a convertirse en un elemento central de las actuaciones implementadas desde los principales centros de poder global.

Súbitamente, los ciudadanos entendimos que debíamos adaptarnos a una nueva realidad (el mundo post COVID19) en el que la tecnología, la ecología y la inclusión (tal y como se recoge en el plan de Recuperación impulsado por al Comisión Europea y sus Estados Miembros) serían los pilares del desarrollo sobre los que se cimentaría este nuevo mundo. Por ello, resultaba vital preservar a empresas y ciudadanos de cara a sentar las bases de esta nueva realidad.

Los resultados, el tiempo dará y quitará razones, aún son inciertos, pero lo cierto es que los esfuerzos implementados por la Comunidad Internacional son incuestionables e históricos. Nunca antes habíamos visto a gobiernos desplegar planes económicos tan potentes de cara a estimular la economía de sus países para a sobrevivir a esta catástrofe.

Rápidamente entendimos que el mundo había cambiado y que lo que nos esperaba requería de gran capacidad de adaptación para ser competitivos y dar soluciones adecuadas al mundo que se abría ante nosotros. Por ello, la tecnología y la transición ecológica se consolidaban como dos de los pilares de la nueva economía del conocimiento, sin olvidar el factor de la inclusión para tratar de ampliar a los beneficiarios de este proceso e introducir elementos correctores orientados a reducir la posible consolidación de desigualdades.

La UE en el mundo post COVID-19.

De todas las respuestas observadas, me gustaría destacar el esfuerzo, compromiso y decisión política mostrado por la Unión Europea. Tras las tensiones iniciales, los 27 Estados Miembros fueron capaces de consensuar un plan de recuperación histórico (por su volumen y dimensión) que sentara las bases para el fortalecimiento de nuestro modelo económico y productivo, una oportunidad generacional de redefinir nuestras capacidades estratégicas de cara a modernizar nuestros sectores clave y ser un actor global de referencia en los próximos años.

Modernidad, tecnología, competitividad y compromiso social serán los ingredientes que impulsará nuestra economía y consolidará el modelo económico-social de la UE como referencia de desarrollo sostenible.

Para ello, debemos ser conscientes de la importancia de la formación y capacitación de nuestros ciudadanos. En un mundo en constante evolución, donde el cambio es la tónica imperante y en el que el conocimiento determinará la diferencia entre los países, empresas y ciudadanos que tendrán éxito y los que no (característica propia de la economía del conocimiento), debemos ser capaces de dotarnos de las herramientas adecuadas para generar ciudadanos competitivos que sean capaces de dar soluciones a los principales desafíos que afrontaremos como sociedad. El mercado, cada vez más exigente, demandará profesionales de alta cualificación y capacidad de innovar para responder de manera eficientes a sus requerimientos.

No querría terminar este artículo sin resaltar la importancia del papel de los jóvenes en todo este proceso. Las nuevas generaciones, mucho más sensibilizados con este nuevo escenario digital, necesitan que consolidemos un marco normativo, formativo y laboral que les permita desarrollar todo su potencial. Nos estamos refiriendo a un colectivo que venía tremendamente lastrado en cuanto a oportunidades y desarrollo por las consecuencias de la crisis económica que sacudió el mundo hace una década, con un impacto significativo en sus características y condiciones laborales, y que según todos los indicadores será uno de los colectivos más afectados por las consecuencias económicas derivadas de la crisis desencadenada tras la eclosión de la pandemia.

Se trata de una generación preparada, con gran sensibilidad hacia la sostenibilidad (han crecido con la Agenda 2030 como hoja de ruta de gobiernos y empresas) y entienden la importancia de la cooperación como base para el crecimiento y la consecución de objetivos.

Necesitamos generar esas condiciones con la participación de todos (gobiernos, empresa y ciudadanos), de cara a cimentar la base de desarrollo y el talento que sostendrá nuestra economía durante las próximas décadas.

Finalmente, y dado que Influyentes es una publicación cántabra, me gustaría terminar con un mensaje de optimismo acerca de las oportunidades que, considero, tiene la región. Por su ubicación, bondades y características, Cantabria seguirá siendo una referencia turística incuestionable, pero, además, posee un gran capital humano (proveniente del elevado nivel y prestigio de las carreras de corte científico-tecnológico en la Universidad), empresas que están consolidando un ecosistema innovador de alto valor agregado y un hospital de referencia mundial.

Por ello, y gracias a la oportunidad que supone el “Next Generation EU”, Cantabria tiene una oportunidad histórica de consolidar un ecosistema empresarial atractivo, de alto valor agregado y alineado con las palancas fijadas por la Comisión Europea como motores de crecimiento de nuestra sociedad: digital, verde e inclusiva.

Es una oportunidad histórica que, estoy seguro, dotará de oportunidades a los jóvenes de la región, atraerá talento y consolidará un entorno empresarial que garantice el bienestar y la prosperidad de las próximas generaciones. Es responsabilidad de todos contribuir a ello.

 

 

 

 

 

 

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