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Sobrecualificacación: cuando el camarero tiene un Máster, el país tiene un problema.

Cuando el camarero/a que te pone un café tiene un Máster en Relaciones Internacionales, eso es sobrecualificación. Y no es sólo su problema. Es el de un país entero. España lidera la tasa de sobrecualificación en la Unión Europea, con un 36% de los ocupados trabajando en posiciones para las que están sobre-preparados, según datos de Eurostat. Menor satisfacción laboral y productividad por parte del trabajador significa crecimiento económico más lento. Para enfrentar este reto, se requiere una combinación de flexibilización de los currículos educativos y un fomento de la creación de empleos de alto valor añadido.

La sobrecualificación en España es resultado de un exceso de titulados en ciertas áreas frente a un mercado laboral incapaz de absorber esta mano de obra cualificada adecuadamente. Este desajuste entre la formación recibida y las oportunidades laborales reales conduce a que muchos profesionales terminen trabajando en empleos por debajo de su nivel de cualificación.

Además, la adaptación a las necesidades cambiantes del mercado laboral, como el aumento de la demanda en sectores tecnológicos y de servicios, es crucial. La cooperación entre universidades, centros de formación profesional y empresas es esencial para garantizar que la formación que reciben los jóvenes se alinee más eficazmente con las necesidades reales del mercado.

Finalmente, es fundamental que los gobiernos inviertan en la actualización y desarrollo de habilidades de la fuerza laboral, así como en políticas que promuevan una mayor igualdad en el acceso a oportunidades laborales de calidad. Esto no solo reducirá la sobrecualificación, sino que también ayudará a maximizar el potencial humano y económico de España.

Este fenómeno no se limita únicamente a los titulados universitarios; afecta también a quienes poseen formación profesional y educación secundaria superior. La persistencia de este desequilibrio entre la oferta educativa y las demandas del mercado laboral sugiere una desconexión estructural que afecta negativamente tanto a la economía como a la proyección profesional de los individuos.

En este marco, la formación profesional emerge como una alternativa prometedora, al ofrecer periodos de estudio más cortos y una inserción laboral más temprana. Además, la percepción social de la formación profesional está cambiando, lo que podría ayudar a reducir gradualmente la tasa de sobrecualificación. Sin embargo, todavía existe una necesidad de alinear más estrechamente los programas educativos con las demandas del mercado para evitar que futuras generaciones enfrenten el mismo problema.

Para abordar este fenómeno, se requiere una revisión de las políticas educativas y laborales que fomente una mayor correlación entre los estudios y las demandas del mercado, garantizando así un mejor aprovechamiento del potencial humano y contribuyendo a la salud económica del país.

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