Influyentes Cantabria

José Ignacio Solar Cayón. El impacto de la inteligencia artificial en la práctica profesional del Derecho

José Ignacio Solar Cayón. Profesor Titular de Filosofía del Derecho de la Universidad de Cantabria y director del Congreso “El impacto de la inteligencia artificial en la teoría y la práctica jurídica” escribe hoy para Influyentes sobre el desarrollo de la Inteligencia Artificial en el ámbito jurídico, un tema que será abordado los próximos días 14 y 15 de octubre en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cantabria en el I Congreso Internacional sobre Inteligencia artificial y Derecho “El impacto de la inteligencia artificial en la teoría y la práctica jurídica”, organizado por el grupo de investigación de Filosofía del Derecho de la UC con la colaboración del Ilustre Colegio de Abogados de Cantabria,  en el que participarán algunos de los más destacados especialistas e investigadores nacionales en esta materia.

El desarrollo de la inteligencia artificial está transformando todos los ámbitos de la realidad social, modificando la forma en la que nos relacionamos, trabajamos, viajamos y disfrutamos de nuestro ocio, contratamos bienes y servicios, diagnosticamos y tratamos enfermedades, etc. Estos cambios desafían y ponen en cuestión algunas de las categorías jurídicas conforme a las que tales actividades han sido tradicionalmente abordadas por el jurista. Desde esta perspectiva, los retos que plantea la regulación de la inteligencia artificial obligan a una relectura de conceptos básicos de la teoría jurídica, como la propia idea de personalidad, a suscitar interrogantes sobre la apertura de nuevas dimensiones de los derechos humanos, o a diseñar nuevas estrategias de atribución de responsabilidad. Temas que serán abordados en diferentes mesas redondas.

Pero el ámbito de la práctica jurídica, aun con cierto retardo, tampoco escapa al impacto de esta disrupción tecnológica, y éste será otro de los focos temáticos del Congreso. Pese a las dificultades que plantea la aplicación de la inteligencia artificial al trabajo jurídico, el desarrollo de las tecnologías de big data y de disciplinas como el aprendizaje automático (machine learning) y el procesamiento del lenguaje natural está posibilitando el desarrollo de una serie de aplicaciones para automatizar diversas tareas jurídicas que hasta hace apenas cinco años era sencillamente inimaginable que pudieran dejar de ser realizadas por un profesional. Y, como expongo en mi libro La inteligencia artificial jurídica (Aranzadi, 2019), la abogacía ya está experimentando profundas transformaciones como consecuencia de la utilización de un amplio abanico de sistemas de inteligencia artificial: sistemas de question answering, capaces de generar automáticamente respuestas jurídicamente argumentadas a cuestiones legales formuladas en lenguaje natural; sistemas expertos para llevar a cabo tareas de compliance u ofrecer asesoramiento en materias específicas; sistemas de revisión y análisis automático de contratos, muy utilizados en tareas de due diligence; aplicaciones web para la elaboración automática de contratos y documentos jurídicos totalmente individualizados a partir de un diálogo interactivo entre el software y el usuario, lo que en Estados Unidos ha llevado a diversas asociaciones de la abogacía a plantear demandas por intrusismo contra las plataformas digitales que las explotan comercialmente; sistemas de “análisis predictivo” que detectan patrones y tendencias en la actuación de jueces y tribunales, al objeto de determinar las estrategias procesales más eficaces; sistemas de “codificación predictiva” para la selección automática del material relevante en el proceso, cuyo empleo ya ha sido admitido en las principales jurisdicciones del Common Law, originando importantes reformas procesales.

Los retos que plantea la regulación de la inteligencia artificial obligan a una relectura de conceptos básicos de la teoría jurídica, como la propia idea de personalidad, a suscitar interrogantes sobre la apertura de nuevas dimensiones de los derechos humanos, o a diseñar nuevas estrategias de atribución de responsabilidad. Temas que serán abordados en diferentes mesas redondas.

Esta automatización de ciertas tareas jurídicas tiene importantes repercusiones en el empleo jurídico y en la reorganización de la actividad profesional. Recientemente, múltiples estudios en diversos países evidencian dinámicas como la polarización del mercado laboral y la significativa disminución de la demanda de determinados tipos de abogados. Lo cual no significa una reducción de la demanda global de empleo en el sector, puesto que ese efecto negativo se ve más que compensado por la aparición de nuevos perfiles profesionales de alta cualificación, a caballo entre el Derecho, la tecnología y la gestión empresarial (ingeniero de conocimientos jurídicos, científico de datos jurídicos, analista de procesos jurídicos, director de proyectos jurídicos, legal management consultant, gestor de riesgos jurídicos…).

Pero, más allá de las consecuencias directas sobre el empleo, las transformaciones más profundas propiciadas por la inteligencia artificial jurídica tienen que ver con su potencial para remodelar el trabajo jurídico. La automatización de determinados procesos está provocando la creciente desagregación de las tareas jurídicas y la asignación de cada una de ellas a la fuente más eficiente para su realización, ya se trate de sistemas tecnológicos, de para-profesionales asistidos por la tecnología o de la externalización hacia legal process outsourcers especializados en la realización de grandes volúmenes de tareas específicas a bajo coste aprovechando su potencial tecnológico  y su ubicación en países como India, Pakistán, Filipinas o Sudáfrica. Esta reconfiguración de la actividad jurídica cambia la naturaleza de las tareas, el diseño de los procesos, los modos de trabajo y las relaciones entre los trabajadores, transformando sustancialmente el contexto profesional.

Obviamente, estos procesos tienen también repercusiones profundas en el mercado jurídico, obligando a los despachos a revisar sus estrategias de captación de talento y su papel en un escenario en el que han perdido de facto su monopolio. Hechos como la “comoditización” de los servicios jurídicos y su prestación online, la aparición de compañías tecnológicas y otros proveedores alternativos de servicios jurídicos automatizados en un mercado cada vez más segmentado, o la creación de plataformas de intermediación entre profesionales y clientes gobernadas algorítmicamente que desafían las regulaciones existentes e imponen sus reglas de juego, están alterando las condiciones tradicionales de prestación de los servicios jurídicos, los hábitos de consumo jurídico y las relaciones abogado-cliente. Situación que ha llevado a algunos países a revisar sus normativas deontológicas y a modificar los esquemas tradicionales de regulación de los servicios jurídicos.

La abogacía enfrenta hoy, pues, formidables retos. Richard Susskind, uno de los mejores conocedores de la industria legal, no duda en afirmar que esta profesión cambiará más radicalmente en menos de dos décadas de lo que lo ha hecho en los dos últimos siglos. Pero, haciendo de la necesidad virtud, lo que puede constituir una seria amenaza representa también una oportunidad para repensar su función a la luz del contexto actual, aprovechando las potencialidades de la tecnología para el mejor desempeño del alto cometido que la comunidad le ha confiado: la defensa efectiva de los legítimos derechos e intereses de los ciudadanos. Y, en aras de ello, como afirma Jordan Furlong, hoy el abogado “tiene los medios, el motivo y la oportunidad para rediseñar sus sistemas de organización del trabajo y de gestión del talento en un grado sin precedentes en la historia de la profesión”.

La abogacía  cambiará más radicalmente en menos de dos décadas de lo que lo ha hecho en los dos últimos siglos.

 

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