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Javier Peláez: Cuando ser Campeón es una vergüenza + Podcast

El consultor estratégico y legal de empresa, experto en RRHH, desarrollo de talento y recolocación laboral Javier Peláez  recuerda que «en mi último artículo en Influyentes sobre tendencias en RRHH en la era digital prometí dedicarle su tiempo y aquí estoy, escribiendo sobre un tema doloroso y delicado, del que todos nosotros nos deberíamos de sentir de alguna manera responsables, asumiendo nuestro grado de culpabilidad en esta tragedia que ya se alarga demasiado tiempo: la tragedia del paro juvenil en España». Hoy, Cuando ser Campeón de Europa resulta una vergüenza inasumible.

Cuando apenas han pasado 24 horas de la final a penaltis que ha catapultado a nuestros vecinos italianos como campeones de la Eurocopa de futbol, durante la misma yo me preguntaba en silencio si éramos conscientes como país del drama que supone liderar todos los rankings existentes en el marco de la OCDE y de la Unión Europea con estadísticas espeluznantes de paro juvenil, es decir, de las personas que se encuentran en desempleo por debajo de los 25 años (y añado, y aquellas estadísticas por debajo de los 30 años también, llámese este como queramos).

Mientras observaba a los italianos abrazándose y disfrutando como niños, el mismo día pero 11 años después de aquella fecha mágica que nos convirtió en campeones del mundo, leía en la noticias de algún diario digital la enésima “exigencia” de la Unión Europea para que afrontemos de una vez uno de los mayores dramas que vivimos como país desde hace décadas.

Y es que en Europa llevan tiempo sin dar crédito sobre nuestro particular problema sistémico, que forma parte de una especie de costumbre “marca de la casa”, y que pone los pelos de punta a nuestros vecinos europeos.

Los datos hablan por sí mismos

España es líder en desempleo juvenil. Tiene la tasa de paro más alta de todos los países miembros de la Unión Europea. Incluso duplica la media de la UE porque, según los datos de Eurostat, España alcanza el 38% de paro juvenil y la media está en 17,1% (datos de hace apenas unas semanas).

Esto significa en la práctica, que casi cuatro de cada diez menores de 25 años en España están en paro, en su casa, muchos de ellos frustrados en medio de un lodazal tenebroso, sin un presente, sin poder ni siquiera plantearse un humilde alquiler para poder independizarse y comenzar una vida. Pero mucho menos, pensar en un futuro que les permita ilusionarse con una vida mejor.

Si analizamos las estadísticas de los países de nuestro entorno, si de verdad queremos convertirnos en una especie de “cotilla temerario/a”, quizás finalmente seamos conscientes de esta tragedia “a la española” que tenemos encima.

Y es que si nos comparamos con países como Portugal, Croacia, Francia o Chipre, nuestro palmarés es indescriptible, doblando el porcentaje de desempleados en esta franja de edad a cada uno de ellos. Si el masoquismo es lo nuestro, y deseamos dar un paso más en nuestra comparativa europea, comprobaremos que cuadriplicamos los datos de países como Alemania, Austria o Malta, sin poder alcanzar a describir semejante panorama.

Pero si lo traducimos en números, este porcentaje que roza el 40% de paro juvenil, y que en lo peor de la pandemia lo superó, representa a casi 600.000 jóvenes con nombre y apellidos recién salidos de su particular “nido”, a quien un mercado de trabajo despiadado le está privando de una oportunidad para comenzar de cero.

Probablemente sea tu hijo, el hijo de tu mejor amiga, tu sobrina, o simplemente alguno de esos “ninis” a los que han bautizado con nefasta etiqueta, a los que contemplabas con cierta lástima al verle con su grupo de amigos en la misma plaza de tu barrio día tras día a media mañana, y que ya después del tiempo te has acostumbrado a observarlo con total naturalidad, como si esto fuera algo normal y asumible.

Pero lo más preocupante de todo es que la cifras certifican que el problema está enquistado. Es decir, no es una situación coyuntural sino un problema estructural. Porque si nos atenemos a una de las últimas Encuestas de Población Activa oficial los datos no pueden ser más esclarecedores. El paro de larga duración entre los jóvenes registra los peores niveles en un lustro: Casi 200.000 parados de entre 20 y 29 años llevan más de un año buscando -sin éxito- un empleo.

¡1 año! 365 días, con sus días y sus noches, con sus cuatro estaciones, sin un solo día cotizado, sin un salario para poder afrontar ningún tipo de proyecto personal. Sin nada. Las cifras describen una situación preocupante puesto que la probabilidad de encontrar empleo va disminuyendo a medida que se incrementa el tiempo de desempleo, todo ello porque las habilidades y competencias se van degradando y quedando obsoletas, se produce una desvinculación con el sector y el candidato se hace menos “atractivo” a ojos de las empresas.

Pero ¿por qué vivimos esta situación?

Algunas de las causas que pueden explicar semejante panorama debemos de contemplarlas poniendo el foco en algunos aspectos que pueden arrojarnos luz para explicar el porqué de nuestra particular tragedia.

Por un lado, durante décadas se han intentado sin mucho éxito diseñar medidas y ejecutar planes dirigidos a paliar esta situación, pero gobiernos de signo político diverso no han sido capaces de abordar con valentía, consenso y cerrando grandes acuerdos de estado que permitiesen aplicar medidas reales y prácticas que pudieran arreglar esta situación con voluntad.

La regulación normativa laboral, esa de la que tanto se está hablando estos meses con la reforma laboral como protagonista en estas semanas, tampoco ha sido capaz de dar respuesta a una realidad que la ha venido superando.

Y es que la parcialidad de los contratos también se ha venido convirtiendo en una tónica habitual para ellos, cerca del 40% tiene este tipo de modalidad, que unido a la desorbitada temporalidad que se ha cebado en nuestros jóvenes por encima de otras franjas de edad, ha provocado que dos de cada tres jóvenes se encuentren trabajando bajo un contrato temporal, modalidades ambas que a la postre se han convertido en el foco del grueso de despidos en estos últimos años.

Pero entonces ¿Qué soluciones tenemos a nuestro alcance?

Tras este análisis aterrador sobre la situación de nuestro mercado de trabajo, cabe preguntarse con urgencia qué tipo de medidas debemos de aplicar y cuanto antes.

Con independencia de los últimos planes que el Gobierno acaba de presentar a la Unión Europea para destinar más de 3.000 millones de euros destinados a atajar el problema de desempleo juvenil y que habrá que estar muy atentos en cuanto a las medidas efectivas y reales en las que se traduce, permítanme señalar las que en mi opinión, pueden ser algunas de las claves que comparto con ustedes:

  • Justo equilibrio entre pasión (vocación) e interés (salida profesional)

Decía Albert Einstein -sobran presentaciones- que si guías a un niño y le induces a estudiar un bachillerato concreto para que después estudie una carrera profesional que cuente con salidas profesionales y empleo relativamente asegurado, te convertirías en un criminal, porque estás corrompiendo a ese niño o niña, privándole de la curiosidad y vocación necesaria.

Y estoy de acuerdo que la pasión, la vocación y lo que uno ama debe de prevalecer para poder encontrar ese desempeño diario, y aplicar a nuestras vidas aquello que ya nos decía Confucio “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida».

No obstante, en un equilibrio sensato también está la virtud, y deberemos conocer como se está comportando ese mundo que gira a nuestro alrededor, para saber que profesiones son las que ahora misma más necesitan las organizaciones, y a pesar de no sentir predilección por las matemáticas, la informática o las carreras de ciencia en general, los padres, orientadores y profesores debemos de dar a conocer a las personas que las denominadas formaciones “STEM”, o lo que es lo mismo, relacionadas con la ciencia, la tecnología, las ingenierías o las matemáticas, son las que más están demandando las organizaciones a nivel mundial. Y también tendremos la obligación de dar a conocer que profesiones derivadas de la ciberseguridad, la inteligencia artificial, el big data y del sector IT en general, lideran la empleabilidad en los últimos años en España y en los países de nuestro entorno.

Por ello, vocación sí, por supuesto, no hay nada más placentero que trabajar en lo que amas, se lo puedo asegurar, pero todo con cierto criterio, sentido común, y toda la información encima de la mesa.

  • Políticas que trabajen en subsanar el desajuste entre oferta y demanda de trabajo

Es un hecho cierto que existe una brecha significativa entre los puestos de trabajo que demandan las empresas y lo que estudian nuestros jóvenes. Multitud de puestos de trabajo no pueden ser cubiertos a corto plazo por la fuerza de la oferta laboral.

El déficit entre oferta y demanda obliga a trabajar decididamente por lograr un entendimiento real sincronizado entre el sistema educativo universitario y no universitario, y el mundo empresarial para que a través de modalidades que se han comprobado válidas y útiles, podamos poco a poco revertir la situación. Porque no todo tiene porque pivotar entorno a las carreras universitarias, y los datos de país que manejamos nos dejan bien a las claras que esta sobre cualificación de nuestros jóvenes (por encima de la media europea) más que resultar una solución, se ha convertido en un problema en ocasiones.

Por ello, deberemos de apostar en paralelo por otro tipo de sistemas formativos. Ejemplos de éxito tenemos a nuestro alrededor, como los sistemas de formación dual de formación profesional, consolidados en Alemania desde hace años, y que se han convertido en un ejemplo en la creación de empleo juvenil en ese país, o los planes de garantía juvenil que vienen aplicando en los países del norte de Europa (Noruega, Finlandia, Dinamarca o Suecia) donde se está evitando que los jóvenes permanezcan más de 3 meses en desempleo ofreciéndoles orientaciones, itinerarios y soluciones personalizadas.

Pero sobre todo, adaptando los programas de estudio de las instituciones educativas a las realidades existentes en un mercado digital, ágil y cambiante, diseñando a su vez programas de orientación laboral desde los colegios y un diseño de planes de prácticas “no abusivas” y bien remuneradas que permitan cumplir con la finalidad máxima que tiene estas becas, y convertirse en una excelente puerta de entrada a miles de jóvenes al mercado de trabajo.

  • Desarrollo competencial imprescindible

Estamos en la era de las competencias digitales, y una vez más, nuestro país se encuentra a la cola de los países de nuestro entorno en este tipo de desarrollos, imprescindibles para aumentar en empleabilidad a nuestros jóvenes.

Deberemos apostar por programas formativos y de reciclaje competenciales que permitan adecuar a las personas con la realidad existente en el mercado, y dotarles de las herramientas necesarias para lograr un aumento de su empleabilidad. Sin olvidar la piedra angular del mercado de trabajo, el desarrollo de las soft skills imprescindibles en cualquier organización y en cualquier ámbito de la vida.

Conclusiones finales

He intentado analizar el drama del desempleo juvenil en España con rigor y con todas las cautelas que un tema de estas características conlleva. Me temo que no es un problema de fácil solución, tendremos que aportar entre todos para contribuir en la medida de nuestras posibilidades para solucionar esta tragedia que supone tener a más de 200.000 compatriotas de menos de 24 años desempleados.

Las instituciones públicas, las organizaciones empresariales y sindicales, las universidades y centros educativos, los formadores y expertos, las familias y también, y por encima de todo, nuestros jóvenes por ser los primeros interesados, deberemos de colaborar entre sí buscando las soluciones y trabajando sin descanso para lograr un futuro de esperanza para todos, porque no debemos de olvidar que el desempleo juvenil repercute en aspectos trascendentales para un país como la desigualdad de oportunidades, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, nuestro sistema de pensiones, en nuestra competitividad como país, e incluso en la tasa de natalidad.

Es tarea de todos y de todas luchar cada día para conseguir revertir poco a poco esta extraordinaria y dramática situación que nos debe de preocupar como ciudadanos.

 

 

 

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