Ganador de los Santander X Awards 2026, el proyecto fundado por Borja Pérez de Brea combina tradición católica, inclusión laboral y apoyo a más de 25 iniciativas sociales
La historia de DECRUX no empezó en una oficina, ni delante de una hoja de cálculo, ni siquiera con la intención expresa de crear una empresa. Empezó en Lourdes, en medio de una de esas procesiones nocturnas en las que miles de peregrinos avanzan con una vela encendida entre las manos, acompañando con sus oraciones a enfermos, familiares y personas que han llegado hasta el santuario francés buscando consuelo, agradecimiento o simplemente un espacio para detenerse.
Borja Pérez de Brea conocía bien aquel ambiente. Como hospitalario, participa en peregrinaciones a Lourdes acompañando a personas enfermas y fue precisamente durante una procesión de las antorchas cuando comenzó a preguntarse de qué manera podía trasladarse algo de aquella experiencia al ámbito cotidiano. No tanto reproducir el ritual, sino recuperar en los hogares ese momento de pausa, recogimiento y oración que una vela encendida puede propiciar.
De aquella intuición surgió DECRUX, un proyecto fundado en 2024 que ha sido reconocido como ganador de los Santander X Awards 2026 y que plantea una reinterpretación de la tradicional vela de oración. La propuesta parte de una idea aparentemente sencilla: unir su dimensión religiosa con un diseño cuidado, capaz de integrarse también como elemento decorativo dentro del hogar. Sin embargo, a medida que el proyecto ha ido tomando forma, esa primera idea se ha convertido en algo más amplio, porque su singularidad no reside únicamente en lo que vende, sino también en cómo lo produce y en el destino que da a los recursos que genera.
Un modelo con impacto social
La manipulación y personalización de las velas se realiza en colaboración con la Fundación CEE PRODIS, en Madrid, una entidad dedicada al desarrollo personal y la inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual. Allí, jóvenes que forman parte de sus programas participan directamente en la preparación de los productos, de manera que la inclusión no aparece como una acción posterior asociada a la responsabilidad social de la empresa, sino como una pieza integrada en su propia actividad productiva.
A ello se suma que los beneficios de las ventas se destinan a más de 25 proyectos sociales con los que colabora DECRUX. El resultado es un modelo en el que cada producto recorre un itinerario poco habitual: nace de una inspiración religiosa, incorpora trabajo vinculado a la inclusión y termina contribuyendo económicamente a otras iniciativas sociales.
Pérez de Brea resume la misión de DECRUX en una frase inequívocamente vinculada a su inspiración católica: “llevar la luz de Cristo a todos los hogares del mundo a través de la belleza”. Pero detrás de esa formulación religiosa existe también una reflexión que trasciende el propio producto y que conecta con una preocupación bastante contemporánea: cómo recuperar momentos de silencio y de interioridad en una vida cotidiana atravesada por las pantallas, la velocidad y la acumulación constante de estímulos.
En ese contexto aparece también uno de los conceptos que han influido en el proyecto, la llamada Teología del Hogar, una corriente de pensamiento dentro de la tradición católica que entiende la familia como Iglesia doméstica, es decir, como el primer espacio en el que se aprende a convivir, cuidar y transmitir la fe. DECRUX traslada esa idea a un objeto cotidiano, tratando de que la vela no quede relegada exclusivamente al templo o a celebraciones especiales, sino que pueda formar parte de la vida doméstica.
Del headhunting al emprendimiento con propósito
La trayectoria profesional de su fundador añade, además, otra dimensión a la historia. Antes de poner en marcha DECRUX, Pérez de Brea había desarrollado su carrera durante más de dieciséis años en los ámbitos financiero y tecnológico, donde llegó a liderar áreas de negocio en compañías estadounidenses. Actualmente es socio de Ad hoc Executive Search y trabaja como headhunter, es decir, como profesional especializado en la búsqueda y selección de perfiles directivos, una actividad que compagina con este proyecto emprendedor.
Doble licenciado en Administración y Dirección de Empresas y Marketing por ICADE, su experiencia profesional ha estado estrechamente vinculada a la evaluación de ejecutivos, la gestión empresarial y los procesos de liderazgo. De ese recorrido nace también Directivos con Sentido, otra iniciativa impulsada por Pérez de Brea que propone incorporar criterios como la coherencia, el propósito y el impacto a la hora de valorar a quienes ocupan posiciones de responsabilidad.
La tesis que sostiene ese modelo es que dirigir una empresa no consiste únicamente en cumplir objetivos financieros o aumentar la facturación, sino también en entender qué consecuencias tienen las decisiones, cómo afectan a las personas y hasta qué punto existe coherencia entre lo que una organización dice defender y la manera en que actúa.
La inclusión laboral como valor diferencial
DECRUX supone, en cierto modo, la traslación práctica de esa misma idea al terreno del emprendimiento. En lugar de añadir una política de responsabilidad social una vez creado el negocio, el proyecto intenta incorporar su propósito desde el principio, tanto en el diseño del producto como en el proceso de producción y en el destino de los beneficios.
Ese planteamiento se aprecia especialmente en la relación con Fundación CEE PRODIS. Pérez de Brea se refiere al taller madrileño como el “corazón operativo” de la iniciativa porque es allí donde buena parte de la idea adquiere una dimensión tangible. Las personas con discapacidad intelectual que participan en el proceso no se sitúan en los márgenes del proyecto, sino dentro de su funcionamiento ordinario, realizando tareas de manipulación y personalización de las velas que posteriormente llegan al cliente.
El fundador describe esa experiencia con otra expresión que sintetiza bien el enfoque de la iniciativa: “el amor se vuelve trabajo”. Más allá del componente emocional de la frase, la colaboración plantea una cuestión relevante en cualquier proyecto que pretenda hablar de impacto social: si la inclusión forma realmente parte de su estructura o si aparece únicamente como un elemento añadido a su relato corporativo.
En DECRUX esa integración se produce desde el origen. Cada venta sostiene la actividad, mantiene vivo el proyecto y, al mismo tiempo, alimenta una cadena de colaboración que alcanza a otras organizaciones sociales.
El reconocimiento obtenido en los Santander X Awards 2026 ha situado ahora el foco sobre esa forma de entender la empresa, en un momento en el que términos como propósito, impacto o sostenibilidad se han incorporado de manera habitual al lenguaje corporativo. El caso de DECRUX resulta especialmente interesante porque esos conceptos no se presentan como una estrategia paralela al negocio, sino como parte de su propio funcionamiento.
Una vela sigue siendo, al final, una vela. Puede encenderse para rezar, para recordar a alguien, para acompañar una celebración o simplemente para iluminar una habitación. Lo que DECRUX ha intentado construir alrededor de ese objeto cotidiano es una estructura en la que producto, convicciones personales y actividad empresarial avanzan en la misma dirección.
Y ahí reside probablemente la clave de su propuesta: no en vender únicamente una vela distinta, sino en utilizarla como vehículo para una determinada manera de entender para qué puede servir una empresa.







