Mientras España celebra su mejor registro histórico de empresas gacela —aquellas que multiplican empleo y facturación en apenas tres años—, Cantabria se cuela en la foto con humildad, pero con ambición. Según el último Informe del Observatorio de Empresas Gacela 2025, entre 2020 y 2023 la región ha sumado nueve gacelas a su ecosistema económico. ¿Son muchas? ¿Suficientes para cambiar el juego? Todavía no. ¿Son una señal de que aquí también se puede correr más rápido? Rotundamente sí.
El ranking lo lidera Santander, con tres empresas gacela. No es una avalancha, pero tampoco es anecdótico: en una categoría tan exigente (mínimo 10 empleados y crecimiento del 20% anual durante tres años), solo llegan los más preparados. Camargo se suma al podio con una empresa, y otras cinco se reparten entre distintos municipios de la comunidad. La lectura es clara: las gacelas ya existen en Cantabria, y lo hacen en diferentes rincones del territorio. No estamos ante un caso de concentración metropolitana ni de burbuja sectorial. Es un fenómeno más orgánico y prometedor: pequeñas señales de cambio que brotan desde distintos puntos.
Las empresas gacela cántabras se mueven principalmente en tres sectores: comercio, industria y servicios profesionales. No son los sectores más glamurosos del ecosistema tech, pero sí representan la columna vertebral de la economía regional. Que las gacelas emerjan desde ahí es una buena noticia: hay músculo, hay margen de transformación, y hay experiencia operativa. La pregunta que toca hacerse ahora es: ¿cómo hacemos para que el talento cántabro se conecte también con los sectores de mayor intensidad tecnológica?
Con un 0,44% de las gacelas del país, Cantabria ocupa la posición 15 entre las 17 comunidades autónomas. Pero ojo: no hay que leerlo como una sentencia, sino como una llamada a la acción. El dato nos dice que hay espacio, mucho espacio, para crecer. Y crecer no significa copiar el modelo de otras regiones. Significa activar el propio. Aprovechar las ventajas que ya existen: talento técnico, calidad de vida, buenas conexiones, y una escala ideal para testar innovación sin las fricciones de los grandes mercados.
Lo que tenemos: 9 empresas gacela. Presencia en Santander, Camargo y otros municipios. Sectores tradicionales activando dinámicas de alto crecimiento. Lo que falta: más tecnología, más visibilidad, más cultura de aceleración empresarial. Pero eso no se improvisa. Se construye. Y ya hay una base sobre la que levantarlo.
Cantabria no es —todavía— tierra de gacelas. Pero tiene todo para serlo. Ya hay quienes están corriendo más rápido, generando empleo de calidad, aumentando su facturación a doble dígito y demostrando que sí se puede crecer sin salir del mapa. Lo que hoy es minoría puede ser mañana tendencia. Estas nueve empresas no son el techo; son el suelo del que despegar.







