El 58,4 % de los menores encuestados por UNICEF España ha hablado con desconocidos a través de Internet. Las amistades digitales, la dependencia emocional y la aparición de compañeros virtuales con inteligencia artificial plantean nuevas situaciones que las familias deben aprender a gestionar.
Las amistades ya no empiezan necesariamente en el colegio, en el barrio o durante una actividad extraescolar. Para muchos niños y adolescentes, conocer a alguien a través de un videojuego, una red social o una comunidad de Internet forma parte de su vida cotidiana. Son relaciones que pueden llegar a ser emocionalmente importantes, aunque sus protagonistas nunca se hayan visto en persona, y que están cambiando la manera de entender la amistad durante la infancia y la adolescencia.
Según el estudio Infancia, adolescencia y bienestar digital, publicado por UNICEF España en 2025, el 58,4 % del alumnado encuestado ha hablado con desconocidos a través de Internet, mientras que el 14,3 % ha llegado a quedar presencialmente con alguien a quien conoció exclusivamente en la red.
Estos datos reflejan la importancia que han adquirido los espacios digitales en las relaciones sociales de los menores, pero también plantean interrogantes sobre la seguridad, la confianza y las consecuencias emocionales de establecer vínculos con personas cuya identidad no siempre puede comprobarse.
Desde Qustodio, plataforma especializada en seguridad y bienestar digital, la psicóloga Gloria R. Ben recuerda que uno de los principales riesgos es precisamente desconocer quién se encuentra realmente detrás de una pantalla. Por eso, considera fundamental que las familias se interesen por las relaciones digitales de sus hijos, manteniendo una comunicación cercana y abierta, «pero desde la confianza y no desde el control constante».
Amistades digitales
Internet ofrece oportunidades de socialización, especialmente para aquellos menores que encuentran dificultades para relacionarse en su entorno más cercano. Las comunidades digitales permiten compartir aficiones, expresar inquietudes y encontrar personas con intereses similares, lo que puede reforzar el sentimiento de pertenencia.
Sin embargo, la intensidad de algunas de estas relaciones también puede generar dependencia emocional. El problema aparece cuando una amistad digital se convierte en la principal fuente de bienestar del menor o cuando esa relación termina bruscamente, sin explicaciones y sin posibilidad de recuperar el contacto.
La psicóloga de Qustodio advierte de que estas rupturas pueden tener consecuencias emocionales importantes. «Podríamos llegar a hablar de un proceso de duelo, porque se está perdiendo una relación que para ese menor tenía un significado emocional importante. Cuanto más intenso sea el vínculo, mayor puede ser la sensación de vacío o el sentimiento de abandono», explica.
La recomendación es no restar importancia a estas experiencias por el hecho de que se hayan desarrollado a través de una pantalla. Para quien ha establecido una conexión afectiva, la pérdida puede resultar significativa, independientemente de que haya existido o no contacto presencial.
Cuando el amigo es una inteligencia artificial
A este escenario se ha incorporado un elemento nuevo: los compañeros virtuales impulsados por inteligencia artificial, capaces de mantener conversaciones personalizadas y ofrecer respuestas que simulan comprensión, cercanía y empatía.
Un informe publicado por Common Sense Media en 2025, Talk, Trust, and Trade-Offs: How and Why Teens Use AI Companions, señala que el 33 % de los adolescentes estadounidenses que utilizan este tipo de herramientas ha optado por hablar con ellas sobre asuntos importantes en lugar de hacerlo con personas reales. Además, el 31 % de los adolescentes encuestados considera esas conversaciones igual o más satisfactorias que las que mantiene con sus amigos.
La disponibilidad permanente de estos sistemas y su capacidad para ofrecer respuestas aparentemente comprensivas introducen una nueva dificultad: distinguir entre una interacción tecnológica y una relación afectiva real.
Desde Qustodio recuerdan que las relaciones humanas implican reciprocidad, desacuerdos y la necesidad de gestionar emociones compartidas, experiencias que no pueden ser sustituidas por las respuestas de un chatbot.
Acompañar sin invadir
Ante esta realidad, los especialistas de Qustodio recomiendan a las familias interesarse por las amistades digitales de sus hijos sin desacreditarlas, ayudarles a reconocer posibles situaciones de manipulación o peticiones de información personal y prestar atención a cambios de comportamiento que puedan indicar dependencia emocional.
La ansiedad cuando no pueden conectarse, el aislamiento o la pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban son algunas de las señales que aconsejan observar.
También consideran importante favorecer las experiencias presenciales y explicar a los menores las diferencias entre relacionarse con otras personas y conversar con sistemas de inteligencia artificial.
«Creo que el verdadero reto de las familias no es competir con la tecnología ni intentar controlar todo lo que hacen nuestros hijos en la red, sino conseguir que las relaciones que tienen fuera de las pantallas sean seguras, cercanas y satisfactorias, para que no necesiten refugiarse exclusivamente en las digitales», concluye Gloria R. Ben.






